Sr. Director:
El P. Ángel Ayala y Alarcó, conocido por todos como el Padre Ayala, fundador de la ACdP y del ICAI, será beatificado.
Este sacerdote jesuita nació en Ciudad Real en marzo de 1867, en el seno de una familia numerosa y profundamente cristiana.Tras cursar estudios universitarios en Salamanca y en Deusto, ingresó en la Compañía de Jesús en 1892. Pronunció los votos del bienio en Granada en octubre de 1894 y fue ordenado sacerdote en Sevilla en 1903. Hizo los tres votos en Chamartín de la Rosa en 1906.
Destacó por su especial dedicación a la formación espiritual e intelectual de universitarios, convencido de que la transformación cristiana de la sociedad debía apoyarse en la formación de personas sólidas y verdaderamente comprometidas: esta intuición marca el núcleo de su legado.
En 1908, el P. Ayala convocó en Madrid a un pequeño grupo de jóvenes. De este encuentro nació la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, germen de la actual ACdP, que jugaría un papel importantísimo en la vida pública, cultural y educativa de España durante el siglo XX. El P. Ayala fue también impulsor de otras iniciativas socio-educativas, como el Instituto Católico de Artes e Industrias y el diario El Debate.
Ejerció como Superior de varias comunidades jesuitas durante más de treinta años. Dejó una amplísima producción escrita centrada en la educación, la libertad y la formación de minorías creativas cristianas.
Cuando comenzó la guerra civil española logró refugiarse en distintos domicilios de Madrid y de Ciudad Real, y también en un asilo de las Hermanitas de los Pobres, hasta que acabó la guerra.
A todos llamaba la atención su alegría serena, su optimismo y su confianza en la acción de Dios, virtudes que supo transmitir a cuantos le conocieron.
Descansó en el Señor el 20 de febrero de 1960, en Madrid.
Ahora la Iglesia va abrir la causa de su beatificación y canonización, precisamente cuando se cumplen 65 años de su fallecimiento.
También hoy, en pleno siglo XXI, necesitamos hombres como el P. Ayala que, arraigados en el amor de Cristo, sepan involucrar a los cristianos en la evangelización de nuestra sociedad, tan necesitada de la fe y la esperanza cristianas.









