Madrid y 18 de julio de 1936, la capital de España se transformó en un inmenso penal, donde nadie tenía garantizada su libertad y cualquiera podía erigirse en carcelero. Antes de que estallara la Guerra Civil, en Madrid había dos cárceles, una de hombres y otra de mujeres. La primera era la Cárcel Celular, según su nombre oficial por ofrecer una celda individual a cada preso, aunque popularmente era y es conocida como Cárcel Modelo. La segunda, la prisión de mujeres, era la Cárcel de Ventas.
Esta estructura carcelaria de la capital de España, en paralelo con la degeneración política, iba a iniciar su transformación durante la Segunda República, al seguir el modelo jacobino de Robespierre para imponer el Terror. Tras el fracasado golpe de Estado de 1934, organizado y dirigido por los socialistas, el PSOE, para conquistar el poder y mantenerse en él, se apoyó en las fuerzas revolucionarias. Y así, tras el pucherazo electoral de febrero de 1936, mediante el cual el Frente Popular asaltó el poder, defender la República se identificó con la puesta en marcha de la revolución para imponer un régimen de partido único, mediante el Terror. Y fue así como Madrid se convirtió en un inmenso penal, donde a las dos cárceles citadas se añadieron las prisiones y las checas.
A diferencia de las dos cárceles madrileñas citadas, que fueron construidas con el fin expreso de dar acogida a los presos, las prisiones de Madrid durante la Guerra Civil eran edificios incautados, siguiendo en esto al pie de la letra lo que habían hecho los jacobinos durante la etapa del Terror, que transformó la Abadía de San Germán, la más prestigiosa de París, en la Prisión de la Abadía, donde solo en los días 2 y 3 de septiembre de 1792 asesinaron a 164 presos que allí estaban, entre los que se encontraban 18 sacerdotes.
A diferencia de la Cárcel Celular (más conocida como Cárcel Modelo) y la Cárcel de Ventas, que fueron construidas con el fin expreso de dar acogida a los presos, las prisiones de Madrid durante la Guerra Civil eran edificios incautados, siguiendo en esto al pie de la letra lo que habían hecho los jacobinos durante la etapa del Terror
Dejo para otra ocasión describir las prisiones del Madrid rojo, baste por ahora con decir el nombre de las que se pusieron en marcha durante la Guerra Civil: las prisiones de San Antón y de Porlier, que eran dos colegios, el primero perteneciente a las Escuelas Pías y el segundo regentado por los calasancios; las prisiones de Conde de Toreno y Duque de Sesto, dos conventos de las monjas capuchinas y de los franciscanos y las prisiones del Niño Jesús y San Rafael, que eran los edificios de dos hospitales, el segundo muy popular en Madrid, que había sido fundado por los Hermanos de San Juan de Dios, y qsue al día conserva la misma situación y uno de los antiguos pabellones.
Y además de las cárceles y las prisiones, el régimen carcelario del Frente Popular se apoyó sobre todo en las checas, que proliferaron por miles en la zona roja. Una concienzuda investigación de la Universidad CEU ha localizado 345 checas solo en Madrid, donde unos mil chequistas asesinaron a unas 3.000 personas. Pero este domingo, me limitaré a contar el origen la Cárcel Modelo y su utilización durante la Guerra Civil.
Sin duda, las cárceles era una de las asignaturas pendientes del régimen liberal del siglo XIX. En Madrid, los condenados por sentencia judicial eran encerrados en la prisión de El Saladero y las mujeres en las dependencias del convento de Las Arrepentidas, al cuidado de una congregación de monjas. Y no fue hasta el período de la Restauración canovista cuando se quiso empezar a resolver este problema con la construcción de una cárcel, que fue juzgada como “modelo” para otras que le siguieron, y de ahí el nombre popular de Cárcel Modelo, como se la conocía.
La Cárcel Modelo fue inaugurada por el rey Alfonso XII el 20 de diciembre de 1883 y dejó de ser cárcel, cuando el 15 de noviembre de 1936 fue desalojada de presos, como consecuencia de los destrozos causados en las galerías por los impactos de los bombardeos, cuando el frente de guerra se fijó en la Ciudad Universitaria. Tras la Guerra Civil, el edificio fue derruido y en su solar se construyeron la dependencias del antiguo Ministerio del Ejército del Aire.

Deterioro de una de las Galerías de la Cárcel Modelo, tras los bombardeos de noviembre de 1936
Los presos de la Modelo se levantaban a las 7 y tras el aseo y el de desayuno se les permitía bajar a los patios a las 9 de la mañana hasta las 12. Por la tarde, volvían a los patios durante cinco horas, desde las 2 hasta las 7. Sin duda esos eran los momentos en los que, roto el aislamiento de las celdas, se relacionaban los presos de cada galería. En los patios se intercambian informaciones y los productos que les habían hecho llegar sus familias. Y fue durante esas horas en los cinco patios de la Cárcel Modelo, en las que los sacerdotes administraban el sacramento de la confesión a los que se lo solicitaban.
En las horas en que los presos estaban en los cinco patios de la Cárcel Modelo, los sacerdotes administraban el sacramento de la confesión a los que se lo solicitaban
Los patios de la Cárcel Modelo también eran lugar de esparcimiento, sobre todo el de la galería donde estaban los encargados de transportar el carbón de la cocina, que habían conseguido formar un equipo de futbol de campanillas, capitaneado por el famoso jugador Monchín Triana, que militó en Atlético de Madrid y en el Real Madrid. Nos lo cuenta Javier Martín Artajo:
“Tenían los carboneros las simpatías de todos, incluso la admiración contenida de los milicianos, cautivados por su renombre futbolístico. Los capitaneaba Monchín Triana y formaban en el equipo su hermano Enrique, Moriones, Tudela, Ponce, Palomar…
Había entre los presos otros renombrados jugadores; uno de ellos el guardameta, entonces indiscutible, Ricardo Zamora, que recobraba su valor al sentirse encuadrado en la portería”.
El mítico Zamora logró salvar la vida, no así el capitán de los carboneros, Monchín Triana, que fue asesinado en Paracuellos, lo mismo que su compañero de equipo de fútbol en la cárcel Eugenio Moriones, que también había sido jugador del Atlético de Madrid.

He encontrado fotos de Monchín Triana con la otra camiseta. Por razones obvias he elegido la mejor
Y ni que decir tiene que, durante la Guerra Civil, las condiciones de los presos de la Cárcel Modelo empeoraron notablemente, respecto a los que les precedieron en esa prisión, debido al hacinamiento y a los malos tartos de los carceleros. Carlos Vicuña, uno de los agustinos de El Escorial, que estuvo en esa prisión describe así la Cárcel Modelo:
“El inmenso penal ocupa seis manzanas del barrio de Argüelles entre las calles Moret, Martín de los Heros, Romero Robledo y plaza de la Moncloa. Consta de una fachada y un cuerpo central del que arrancan en abanico cinco galerías con sus cinco patios correspondientes. Tiene mil celdas; 200 en cada galería. Desde el principio nos instalan cinco personas en cada celda, o sea mil por galería y en los últimos meses hasta siete y ocho por celda.

Dibujo de una celda de la Cárcel Modelo, publicado en el libro de Carlos Vicuña, Mártires agustinos de El Escorial. Madrid 1945. Pág. 99
La celda es un recinto de tres metros de alto por 2,50 de ancho y 3,50 de largo. Recibe la luz de una ventana pequeña y apaisada fuertemente enrejada que da el patio. Enfrente una gruesa puerta de madera, blindada por dentro con una plancha de hierro mal ajustada, tras la cual encuentra refugio segurísimo una próspera colonia de chinches. El cerrojo es realmente mayúsculo. Su chirrido, fatídico a altas horas de la noche hiela la sangre y paraliza el corazón de los infortunados reclusos. Un ventanuco con cerradura (el buzón), una mirilla, abocinada (el chivato) para observar desde fuera, sin ser visto desde dentro, y una gatera, o respiradero inferior, completan las perfecciones de la puerta. Bajo la ventana un grifo; y en un rincón el retrete, un simple agujero sin tapa, ni inodoro o bomba. El piso de asfalto. En la pared, un camastro de hierro plegado y nada más. Las paredes manchadas de letreros, dibujos y sangre de chinches aplastadas (…). Apenas cabemos para dormir, pero en estas estrecheces comienza a brillar las virtudes del religioso. El Padre Dámaso nos edifica con su ejemplo. Está enfermo. Acaba de ser operado por el doctor Fernández Lozano, no puede acostarse más que de un solo dado y malamente; con todo lo hace sin la menor queja sobre el duro asfalto y junto al retrete mal oliente”.

Plano de la Cárcel modelo de Madrid
Entre la entrada de la Cárcel Modelo y las cinco grandes galerías, había toda una serie de dependencias administrativas y la llamada “galería de los políticos”, con su correspondiente patio. Tras la redada de la primavera de 1936, allí estuvieron presos los principales jefes de Falange: José Antonio, Raimundo Fernández Cuesta, Julio Ruiz de Alda…
Todo el recinto tenía una doble valla y en las esquinas opuestas a la entrada, se encontraban los lavaderos y la enfermería con 60 camas, y en el centro, entre estas dos dependencias había una capilla, que fue profanada por los milicianos.
De la Cárcel Modelo salieron dos expediciones de presos que fueron asesinados en Paracuellos, los días 7 y 8 de noviembre de 1936. Pero esos no fueron los únicos presos de la Modelo que murieron asesinados. Cuando el padre Vicuña se refiere al chirrido fatídico del cerrojo, a altas horas de la noche, que les helaba la sangre, es porque esas eran las horas elegidas por los verdugos para sacar de las celdas a sus víctimas y asesinarlos en la calle que forma la doble valla del penal, justo entre la enfermería y la Capilla. Así lo cuenta el padre Vicuña:
“Uno de los tormentos que más hondamente llegan al corazón de los presos de la Modelo es el fusilamiento de los mejores patriotas allí mismo en el recinto, cerquita de nuestra galería, casi bajo nuestras ventanas. Si no con la vista, con el oído al menos, presenciamos el triste espectáculo. Por el número de tiros de gracia, contamos las víctimas inmoladas. Les acompañan las plegarias y el afecto de miles de corazones cristianos”.
El padre Vicuña se refirió al chirrido fatídico del cerrojo, a altas horas de la noche, que les helaba la sangre, porque esas eran las horas elegidas por los verdugos para sacar de las celdas a sus víctimas y asesinarlos en la calle que forma la doble valla del penal, justo entre la enfermería y la Capilla
Por eso, no se debe pensar que las cárceles eran la legalidad y el Terror estaba reservado para las checas. De entrada, salvo los militares que habían sido juzgados, el resto eran presos preventivos. Y de estos, a unos podríamos llamarles presos legales y a otros ilegales; entendiendo por legales los que habían pasado por Dirección General de Seguridad, y no porque esa institución fuera un remanso de legalidad, sino tan solo porque allí se les había abierto una ficha. Y entiendo por ilegales a los que habían sido llevados a la Cárcel Modelo por grupos de milicianos sin fichar en las comisarías o en la Dirección General de Seguridad, porque los guardianes de las cárceles y las prisiones de Madrid podían ser los mismos que los de las chechas.
Baste con tener en cuenta para entender a lo que me refiero que la vigilancia de la primera galería de la Cárcel Modelo se encomendó a los jefes la checa del ateneo libertario Vallehermoso, cuyo máximo responsable era Cosme González Fernández, apodado “El Puñales”, porque acostumbraba a rematar a sus víctimas no con el tiro de gracia, sino al igual que se hace con los toros de lidia en las plazas.
Javier Paredes
Catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá










