He leído la noticia y me ha sorprendido su titular: “La Justicia anula la decisión por la que el Ayuntamiento de Cádiz retiró el título de hijo predilecto a José María Pemán”. Pero lo que me ha sorprendido no ha sido la sentencia, sino que el Ayuntamiento de Cádiz hubiera tenido el atrevimiento hace unos años de haber escupido contra la excelencia. No sabía que la corporación municipal gaditana hubiera podido hacer eso; es más, no me cabe en la cabeza que se pueda haber cometido semejante atropello contra José María Pemán.

Lógicamente, ante mi desconocimiento de lo que le habían hecho a José María Pemán, leo la noticia para enterarme, aunque sea a toro pasado, y se me hace la luz cuando aparecen estas dos palabras: “memoria democrática”, el recurso totalitario que pretende adueñarse de nuestras almas.

Así es que chapó por los jueces del Tribunal Superior de Justicia que han puesto las cosas en su sitio, cuando estaban desordenadas en medio de tanta locura. Pero felicitaciones aparte y bien merecidas, me permitirán sus ilustrísimas señorías que les diga que todavía les chorrean las aguas bautismales. Porque ya me dirán ustedes sino por qué escriben en la sentencia que “la memoria democrática no puede ejercerse sin rigor jurídico, ni motivación suficiente”, cuando la ley de memoria democrática no tiene otra razón de ser que implantar el reino de la arbitrariedad en beneficio del tirano, pisoteando el rigor jurídico y hasta el sentido común.

Chapó por los jueces del Tribunal Superior de Justicia que han puesto las cosas en su sitio, cuando estaban desordenadas en medio de tanta locura

José María Pemán es uno de nuestros mejores escritores y, desde luego de los más populares. Su pluma la aceptan las mentes cultivadas y el pueblo más sencillo. Su literatura tiene “ángel”. Y todo ello se debe a que las páginas de sus libros están dotadas de un alma inmortal, por lo que ofrecen una lectura fresca, como si por ellas no hubieran pasado los años.

Uno de los recuerdos de mi infancia en Vallecas fue la representación de El Divino Impaciente en los salones parroquiales de San Diego. Guardo todavía imágenes de aquella obra de teatro que organizaron los jóvenes de Acción Católica. Lo que no recuerdo es qué fue concretamente lo que me impresionó, porque las imágenes me vienen mudas. Y por eso a veces leo y releo el texto a ver si lo descubro, pero el método no sirve, porque una vez es una escena y la siguiente es otra distinta. Por lo demás, sería hacerme trampas a mí mismo y a ustedes, queridos lectores, identificar las emociones de ahora con las de mi infancia.

Los versos que siempre me dejan pensativo y agradecido a Pemán, por lo que me sirven de programa de vida, son los que corresponden a la despedida de San Ignacio y San Francisco Javier. Copio solo los primeros que le dirige San Ignacio al navarro más navarro de todos los navarros y al más universal de todos los navarros:

A grandes empresas vas
y no hay peligro más cierto
que este de que, arrebatado
por el afán del suceso,
se te derrame por fuera
lo que debes guardar dentro.

La vida interior importa
más que los actos externos;
no hay obra que valga nada
si no es del amor reflejo.

La rosa quiere cogollo
donde se agarren sus pétalos.
Pídele a Dios cada día
oprobios y menosprecios,
que a la gloria, aun siendo gloria
por Cristo, le tengo miedo.

Decía que José María Pemán es uno de nuestros mejores escritores y añado ahora que muy polifacético. No puedo menos de referirme esa genialidad que es su libro La Historia de España contada con sencillez. No encuentro una síntesis mejor de la Historia de España que la que hace el mismo Pemán al principio de este libro, y esta síntesis se convierte en el hilo conductor de toda esta obra. Esto es lo que escribe Pemán:

“La vida de España ha sido como un drama dividido en tres actos:

En el primero, España se hizo a sí misma, y consiguió formar una patria, venciendo para esto sus divisiones interiores y las invasiones de fuera. Este acto dura hasta los Reyes Católicos.

En el segundo, esta unidad, ya fuerte y segura de sí misma, se extiende por el mundo y se convierte en grandeza. España descubre América, domina en gran parte de Europa y logra un gran imperio. Es la época de los siglos XVI y XVII, que llamamos Siglo de Oro.

En el tercero, España tiene que defender esa unidad y grandeza que ha conseguido contra todos los enemigos que la atacan: contra todos los que contradicen su sustancia espiritual. Es la época de los siglos XVIII, XIX y XX. España tiene que acabar de luchar contra la revolución religiosa, con la que ya luchó en la época anterior; luego contra la revolución roja, que es primero política y al fin social.

Estos son los tres actos del drama de España. En el primero, logra su unidad; en el segundo, afirma su grandeza; en el tercero, defiende su libertad”.

Portada

Portada de la Historia de España contada con sencillez de Jose María Pemán 

Son tantas las cosas positivas de esta Historia de España, que me limitaré a señalar algunas de las más importantes. En primer lugar, no hay un resumen mejor que este de la Historia de España, desde los tiempos primitivos hasta el siglo XX.

La Historia de España contada con sencillez de Pemán es una síntesis magistral, que ilustra globalmente lo que ha sucedido en España a lo largo de los siglos. Además, está escrito de manera que el lector no se marea con fechas y datos, pues a pesar de que hay fechas y datos en el libro, se hacen comprensibles porque desde la primera a la última página, esta Historia de España de Pemán tiene un hilo conductor que la hace comprensible para todos los públicos, incluidos los que no conocen la Historia de España en su conjunto. Es más, es un libro especialmente indicado para este público que se pierde por los siglos medievales o que no sabe lo que pasó en la era remota de la Antigüedad de la España romana, en la que arraigó el Cristianismo en España.

En una palabra, La Historia de España contada con sencillez de Pemán sirve tanto para animar a conocer nuestro pasado a quien lo desconoce por completo, como para rellenar esas lagunas de desconocimiento que se nos forman en la cabeza por haber concentrado nuestras lecturas en un determinado período de nuestra Historia.

Javier Paredes

Catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá