España y la Navidad de 1936-1937, porque esta gran celebración religiosa comienza con la Noche Buena el 24 de diciembre y acaba el 6 de enero con la fiesta de la Epifanía, conocida popularmente como el día de los Reyes Magos. Sucedió que desde el verano de 1936 se había desatado la Guerra Civil, y cuando las tropas del general Franco, tras conquistar Talavera de la Reina y liberar el Alcázar de Toledo, se aproximaron a Madrid, el Gobierno del Frente Popular, presidio por el socialista Francisco Largo Caballero (1869-1946) se trasladó a Valencia el 6 de noviembre de 1936, convirtiendo de hecho a la ciudad del Turia en la capital de la República española.

Por entonces se había acelerado la persecución religiosa, que había comenzado poco después de proclamarse la Segunda República con la quema de iglesias y conventos en mayo de 1931 y que derramó la sangre de los primeros mártires durante el golpe de Estado 1934, que llevaron a cabo los socialistas. Así es que en el invierno de 1936 ya estaba en marcha la mayor persecución religiosa que la Iglesia católica ha padecido en veinte siglos, por el número de católicos asesinados por los socialistas, los comunistas y los anarquistas, alentados por los masones.   

Esta persecución religiosa era total, porque la ideología de sus verdugos era totalitaria. Se habían empeñado en exterminar de raíz la fe católica de España y por eso el martirio de las personas estaba acompañado del martirio de las cosas sagradas, del que tan gráficamente ha escrito Jorge López Teulón en su libro Inspirados por Satanás. Y como todavía eso no saciaba el sectarismo antirreligioso de los socialistas, los comunistas, los anarquistas y los masones, se propusieron también aniquilar el “tiempo religioso”. Y en este empeño llegó la Navidad de 1936-1937.

Tuvieron que pasar veinte siglos para que las fuerzas políticas del progreso -como así se denominaban entonces y se denominan ahora los socialistas y los comunistas del actual gobierno de España- sacaran de la alienación en la que vivía la Civilización Occidental desde hacía dos mil años, celebrando cada Navidad el nacimiento de Jesucristo. Como proclamaron que la religión era el opio del pueblo, debieron pensar que desde Giotto (1267-1337) a Murillo (1618-1682), pasando por Botticelli (1445-1510) estaban todos fumados por pintar las adoraciones de los pastores y de los Reyes Magos; así es que no sería extraño que sus sucesores en la senda del progreso, el Gobierno de Pedro Sánchez, cualquier día haga una “resignificación” en el Museo del Prado, previo acuerdo con algún elemento del alto clero de España.

Como el martirio de las personas y de las cosas sagradas no saciaba el sectarismo antirreligioso de los socialistas, los comunistas, los anarquistas y los masones, se propusieron también aniquilar el “tiempo religioso”. Y en este empeño llegó la Navidad de 1936-1937

Así las cosas, la Noche Buena de 1936 en la zona republicana fue sustituida por el “aguinaldo del miliciano”:

“El miliciano, el combatiente del Frente Popular, no se ha quedado sin la alegría de la noche clásica, y hasta las avanzadillas más peligrosas han llegado los productos de las suscripciones, los regalos de los familiares y amigos, los envíos todos de la gente que está en la retaguardia.

En las trincheras ha sido, pues, este que comentamos, lo que tenía que ser: un día de excepción. No ha importado la proximidad del enemigo, y ha sido una cena amenizada con música de silbidos de balas y con coplas flamencas, cantadas al son de la ametralladora”.

Los párrafos anteriores corresponden a un artículo publicado en la revista Crónica el 27 de diciembre de 1936. Dicha revista que había comenzado a editarse en 1929 había conseguido una gran difusión durante la Segunda República, entre otras cosas porque de vez en cuando aparecían en sus páginas mujeres desnudas, aclarando en el pie de foto que eran “fotografías de arte”.

Pues en el mismo número de Crónica, en la que se hablaba del aguinaldo del miliciano, se publicó a toda pagina un artículo que se titulaba así: “La Semana Infantil sustituye a la arcaica fiesta de los Magos”. Estas eran las razones que daba el autor del artículo de tan progresista cambio:

“En lugar de aquella mascarada casi carnavalesca, en la que con la mejor intención surgían cada año unos Reyes de guardarropía, barbudos y atrabiliarios, que hubieran infundido espanto en los niños, a no ser por la indemnización de los juguetes, se ha instituido la Semana Infantil.

Una semana en la que sin artilugios, sin tramoyas y sin fingimientos de historias casi grotescas, se derramará sobre los pequeñuelos la alegría de los juguetes, que en realidad es para los niños lo positivo, como lo era en la vieja fiesta que desaparece”.

Stalin

Busto de Stalin confeccionado en uno de los talleres falleros valencianos, que desfiló en la cabalgata de 1937

Y dicho y hecho: lo arcaico fue sustituido por el progreso, y el presidente del Gobierno, el socialista Francisco Largo Caballero puso a trabajar a los talleres falleros, para preparar la cabalgata de 1937 y educar de esta manera las mentes infantiles. Tenemos documentos y fotos de lo que pudieron ver los niños de Valencia en esa Cabalgata. Melchor, Gaspar y Baltasar desaparecieron del desfile para dar paso a una gran fotografía de Largo Caballero y un busto gigantesco de Stalin (1878-1953).

Largo Caballero

Foto del socialista Francisco Largo Caballero, presidente del Gobierno, que pasearon en la cabalgata de Valencia de 1937

Tres grupos formaban el desfile de cabalgata valenciana de 1937. Abría la marcha del primer grupo una sección de motoristas, a la que seguía una banda de música de sesenta milicianos, que en lugar de los arcaicos villancicos interpretaba la progresista melodía de La Internacional. A los músicos seguía una mujer a caballo, que ondeaba la bandera republicana e iba escoltada por otra banda de másica, que volvía a interpretar… La Internacional.

Y no se sabe si fue por una traición en el subconsciente del organizador o por el congénito afán manipulador de las ideologías totalitarias, en la cabalgata de Valencia desfilaron tres grandes carrozas -porque tres eran tres los Reyes Magos-, integradas en los tres grupos, a los que antes me he referido.

La carroza del primer grupo pretendía ser una imagen de la España republicana representada por el trabajo y los partidos del Frente Popular, para ello y al gusto del gigantismo del estilo estalinista un enorme escudo de la República se sostenía sobre un colosal yunque, que estaba orlado por las banderas de los partidos políticos del Frente Popular. A todo lo largo de los lados de esta carraza colgaban dos tapices con estas iniciales: UGT y CNT.

El segundo grupo lo abrían toda una serie de figuras que simulaban juguetes de gran tamaño. Pero para que la mente de los niños no se quedara solo en lo del juego, estos juguetes de la cabalgata valenciana además de gigantescos eran didácticos, y algunos de ellos representaban a curas y banqueros con formas grotescas en un grupo, encabezados por un cartel en el que se podía leer: Los Nacionales.

República

La tercera carroza monumental de la cabalgata de Valencia de 1937 pretendía ser una representación de la República por medio de la figura de una mujer puño en alto

La segunda carroza monumental pretendía mostrar el agradecimiento de la España del Frente Popular a Rusia. En esta carroza un descomunal soldado ruso descendía por una escalinata repleta de niños. La barandilla de dicha escalinata estaba adornada por estas cuatro letras: URSS.

URSS

Carroza de la cabalgata de 1937 de Valencia en homenaje a la Rusa de Stalin

En el tercer grupo volvían a aparecer las banderas al viento, escoltadas por las bandas de música, que para eso la cabalgata se celebraba en tierras con gran tradición musical, aunque en esta ocasión todo el repertorio se reducía a una pieza: La Internacional. La tercera carroza monumental pretendía ser una representación de la República por medio de la figura de una mujer puño en alto.

Y con el siguiente comentario concluía el reportaje de uno de los periodistas que había seguido la cabalgata de Valencia de 1937:

“La cabalgata ha sido un éxito indescriptible. Miles y miles de niños presenciaron el festejo con la alborotada alegría entre aplausos y aclamaciones, que han puesto un estrepito de optimismo y de gozo en el ánimo de esas criaturas. ¡Bien hayan el Gobierno de la República y todos cuantos han sido sus colaboradores en esta hermosa fiesta, que tanto bien, material y moral, ha llevado a los niños!”.

Por mi parte, que sigo creyendo en los Reyes Magos, quiero acabar deseándoles que tengan una feliz fiesta de la Epifanía y que Melchor, Gaspar y Baltasar sigan ejerciendo el “arcaico” oficio de hacernos felices a todos.

Javier Paredes

Catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá