Sr. Director:
Atónitos nos hemos quedado ante la noticia de una joven de 25 años en Cataluña, Noelia, truncada, su vida por una eutanasia. La enfermedad mental le vino causada por el horror vivido de la separación de sus padres- con la consiguiente inseguridad que, ello, produce en los vástagos-, y otra desgracia añadida que, hoy, no es rara en nuestra sociedad abierta: el abuso sexual por pandilla de maleantes.
La depresión es una enfermedad mental que, actualmente, puede tratarse y tiene cura; pero la vileza e inhumanidad del suicidio asistido es más barata para las “arcas reales” y cuenta, en España, con el aval de una de las leyes más permisivas del mundo que se dice civilizado. La ley de eutanasia ampara estas muertes, contra el sentido común y los sentimientos humanitarios. Llamar muerte digna a la eutanasia es contrario a la verdad. Muerte digna es la que se produce tras la ayuda médica disponible y el acompañamiento humano y espiritual que el caso requiere. Que se sepa, no ha sido así con Noelia, víctima de la cultura de la muerte.










