Miércoles 1 de abril. Rebote contundente y generalizado de todas las Bolsas del mundo. El mercado compra el discurso de Donald Trump quien asegura dar por concluida la contienda con Irán… en dos o tres semanas.
Ningún país, y Estados Unidos menos, se puede permitir un petróleo con expectativas de alcanzar los 150 dólares, con una inflación con tendencia a desbocarse y un mercado de bonos tremendamente afectado.
No debemos olvidar que, lo que metió en cintura (de aquella manera, es verdad) al presidente norteamericano, este mes de abril hará un año, fue una renta fija tocada por el impacto de la guerra de los aranceles.
Donal Trump comparecerá esta noche a las 9. Veremos.
Mientras tanto, un mes largo después del inicio de la guerra, la renta fija sigue sufriendo. Aseguran los expertos que la situación ha reconfigurado el mapa de este activo, lo que ha supuesto subidas generalizadas en los yields (en cristiano, retorno efectivo que obtiene el inversor en forma de intereses) y caídas en los precios, una dinámica que ha quedado clara durante todo el mes de marzo.
Por tanto, si tienes que pagar más para que compren tus bonos y, encima bajar precios, mal asunto.
Ningún país, y Estados Unidos menos, se puede permitir un petróleo con expectativas de alcanzar los 150 dólares, con una inflación con tendencia a desbocarse y un mercado de bonos tremendamente afectado
Los rendimientos de la deuda soberana en Europa y en Estados Unidos no han dejado de elevarse en estas últimas semanas. Los inversores son mucho más exigentes ya que la confianza en la economía global está bajo mínimos debido, fundamentalmente, a la presión de los precios energéticos y a su impacto directo sobre la inflación.
De esta manera y, en este tipo de contexto, lo que se ‘paga’ por los bonos está claro que pierde poder adquisitivo. Es decir (o por tanto), que cuando el problema es la inflación, los bonos no ofrecen refugio.
“De hecho”, explica Antonio Castelo, analista de iBroker Global Markets. “las últimas semanas nos muestran una situación complicada. La deuda estadounidense a diez años ronda el 4,3%, el Bund alemán ha tocado el 3,025%, su mayor nivel desde la crisis del euro, y los gilts británicos (bonos de deuda pública soberana emitidos por el Tesoro del Reino Unido) se mueven por encima del 5%”.
En el caso de España, desde el inicio de la guerra, el rendimiento de las obligaciones a 10 años ha aumentado en casi un 19%, al pasar del 3,064% en esa jornada al 3,640%; misma subida la del bono francés con vencimiento a 10 años, hasta el 3,834%; el interés del bono italiano se ha disparado un 24% en el mismo periodo de tiempo, hasta alcanzar el 4,075%.
“Es decir, el mercado no está tratando a los bonos como un refugio automático, sino como un activo expuesto a una inflación persistente, mayores necesidades de financiación pública y bancos centrales menos acomodaticios”, señala Castelo.
Los rendimientos de la deuda soberana en Europa y en Estados Unidos no han dejado de elevarse en estas últimas semanas. Los inversores son mucho más exigentes ya que la confianza en la economía global está bajo mínimos
Así que, “la idea de que los bonos siempre protegen cuando las acciones caen ha dejado de ser válida”, asegura en su blog la gestora GVC Gaesco para añadir que acciones y bonos pueden caer a la vez, como vimos en 2022, y cómo ocurre ahora.
La gran pregunta que se hacen muchos inversores es si puede repetirse algo parecido a lo ocurrido en 2022, a lo que Antonio Castelo responde que el riesgo existe, pero con diferencias importantes. “En 2022 el mercado de bonos sufrió una corrección histórica porque venía de años de tipos artificialmente bajos, inflación mal calibrada y bancos centrales muy por detrás de la curva. Hoy las tires parten de niveles bastante más altos y el ajuste monetario ya está hecho en gran medida. Eso ofrece más colchón… Pero colchón no significa inmunidad…”.
Agustin Bircher, director de Inversiones de Santalucía Asset Management comparte la opinión de Castelo, y a punta a dos factores: “el primero es que el punto de partida en 2022 eran tipos negativos tras 10 años de tipos ultra bajos, lo que gestó un posicionamiento extremo. La situación hoy es completamente diferente y partimos de tipos normalizados y un posicionamiento equilibrado”.
“El segundo es que él episodio inflacionario anterior fue generalizado y origen de la ruptura de las cadenas de suministros a nivel global, posteriormente avivado por el encarecimiento de los productos energéticos consecuencia de la guerra Rusia-Ucrania. En este caso está, y a pesar de probables efectos de segunda ronda, está concentrado en los productos petroquímicos”.
La gran pregunta que se hacen muchos inversores es si puede repetirse algo parecido a lo ocurrido en 2022, a lo que los expertos responden que el riesgo existe, pero con diferencias importantes
Lo que parece estar claro es que el comportamiento de los mercados de deuda dependerá fundamentalmente del desarrollo de la guerra. “Si esta se alarga”, advierte Salvador Jiménez, socio en Afi en el Departamento de Análisis Económico y de Mercados, “los tipos permanecerán en los niveles actuales e incluso pueden seguir aumentando, especialmente en los tramos cortos. Si, por el contrario, se dibuja un horizonte de salida, los niveles actuales son atractivos para realizar compras de renta fija”.
“En todo caso”, añade, “la factura de intereses que pagaran todos los gobiernos, superará con creces las previsiones que tenían para 2026”.












