Oído en TV, en concreto a RTVE: resulta que el aborto es un "debate de hace 30 años en España". Lo dijo Anabel Díaz, periodista política de El País. Curioso. Es como decir que el debate sobre el paro, que lleva siendo un problema en España desde hace más de 30 años, debiera abandonarse de una vez y aceptar que uno de cada cuatro españoles en edad de trabajar no puede hacerlo. Sigue habiendo parados y se seguirá hablando de desempleo; siguen perpetrándose abortos (unos 112.000, al año, sólo quirúrgicos) y hablamos muy poco de ello.

Además, es un debate falso: hablamos de si la reforma Gallardón sigue o se para, cuando es el debate entre una aberración como la actual ley Aído y otra aberración como la reforma Gallardón de la ley Aído.

El aborto es el odio a la vida, el odio al hombre y la impaciencia con la debilidad

Enfrente tenía a Bieito Rubido, director de ABC. En un momento dado, Rubido se aleja de la tontuna política y, como pidiendo perdón, se atreve a entrar en materia: "Creo que después de tantos abortos en España ya hemos superado el millón de abortos de seres que no han visto la luz. Me pregunto si cuando pasen 50 años nos daremos cuenta de que hemos cometido un genocidio".

Cuando le preguntaron al fallecido Julián Marías (en la imagen) qué le preocupaba más de la actual sociedad, respondía algo muy simple: "la aceptación social del aborto". No, no el aborto, sino la aceptación social del mismo. 

Del aborto no hablamos mucho, sino muy poco 

No pasarán 50 años sino mucho menos, hasta que nos llevemos las manos a la cabeza por este genocidio que se ceba con el más inocente y más indefenso de los seres humanos: el nasciturus. El aborto es el odio a la vida, el odio al hombre y la impaciencia con la debilidad. Son los tres elementos que acabarán con el mundo tal y como lo entendemos ahora. Y entonces, sí, nos llevaremos las manos a la cabeza. A lo mejor será tarde, pero será un mundo nuevo.

Y la razón es muy sencilla: vivimos en una sociedad democráticamente viciada, porque sin derecho a la vida no existe derecho alguno. Una democracia-espejismo.

Eulogio López

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