• Pero aún no es suficiente: los títulos ganan algo más de un 12% pero se desplomaron un 29% el martes tras las sospechas sobre la adquisición de la portuguesa TNL.
  • La compañía ha publicado las cuentas de su filial lusa.
  • El presidente de Ebioss admite que el Ebitda de TNL será negativo en 2014, pero aclara que el principal motivo de la compra fue la tecnología innovadora que posee la empresa sobre la recogida de residuos urbanos.
  • Tras el caso Gowex, las dudas sobre el MAB persisten y obligan a las compañías a ser más transparentes.

Vuelven las sospechas sobre el Mercado Alternativo Bursátil (MAB) o, mejor, sobre otra empresa del MAB: Ebioss Energy, que el martes vio cómo sus acciones perdían un 29% de su valor. El origen del desplome hay que buscarlo en una información publicada por El Confidencial, en la que se asegura que la compañía tecnológica había inflado las cuentas de TNL, la empresa portuguesa que adquirió el pasado mes de junio.

Pero el presidente de la compañía, Óscar Leiva (en la imagen), no quiere ser otro Gowex y en menos de veinticuatro horas ha enviado dos comunicados a la CNMV aclarando la información. De hecho, este miércoles no ha dudado en publicar las cuentas de la filial lusa, y el mercado se lo ha agradecido. Los títulos de Ebioss han recuperado más del 12%.

En ese último comunicado, Leiva admite que las ventas de TNL han caído entre 2011 y 2013, pero ha sido por la crisis financiera. También admite que el Ebitda de 2014 será negativo (-0,12 millones de euros), aunque de manera provisional. Pero eso no es lo más importante. Según la compañía, el principal motivo de la compra de TNL fue la tecnología innovadora que posee la empresa sobre la recogida de residuos urbanos.

Además, y para tranquilizar a los accionistas, Leiva insiste en que "la adquisición del 52,6% de TNL representa una inversión por parte de Ebioss Energy de solo un 5,92% respecto del uso de los fondos de capital ampliado por parte de Ebioss desde su salida a Bolsa".

Como se puede comprobar, tras el caso Gowex, las dudas sobre el MAB persisten y obligan a las compañías a ser más transparentes.

Pablo Ferrer

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