El activista woke Reed Hastings (65 años) dejará de liderar la progre, blasfema y cada vez más cara Netflix… para “centrarse en su labor filantrópica y en otros proyectos”, según recoge un comunicado. ¡Ay madre, Dios nos libre de los filántropos!

Se irá el próximo junio, cuando acabe su actual mandato. Ahora sí se trata de una retirada de la empresa que fundó en 1997 junto a Marc Randolph, quien fue despedido por el primero tras la salida a bolsa en 2002. Recuerden que en enero de 2023, Hastings pasó de CEO a presidente ejecutivo, dejando así más la labor del día a día en manos de dos CEOs (Ted Sarandos y Greg Peters). Además, Hastings posee 4,2 millones de acciones de la plataforma de streaming, cuyo valor a la cotización actual asciende a más de 452,7 millones de euros (unos 383,8 millones de euros); muy por encima de las 527.282 acciones que tiene Sarandos o las 274.038 de Peters.

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Hastings ha destacado que “Netflix cambió mi vida de muchísimas maneras, y mi recuerdo favorito de todos los tiempos es el de enero de 2016, cuando hicimos posible que casi todo el planeta disfrutara de nuestro servicio”. Asimismo, ha presumido de que su “verdadera contribución” en la plataforma de streaming “no fue una decisión concreta, sino el enfoque en la satisfacción de los suscriptores, la construcción de una cultura que otros pudieran heredar y mejorar, y la creación de una empresa que fuera, a la vez, muy querida por sus miembros y enormemente exitosa para las generaciones venideras”.Al hilo de esto, Hastings no sólo debería tener en cuenta que ya tienen más de 325 millones de suscriptores y el liderazgo en streaming, pese a la elevada competencia, sino que las diversas subidas de precios (sobre todo, tras alcanzar la posición de dominio) no han agradado a los abonados. También conviene subrayar que la cultura a la que hace referencia pasa ahora mismo por no renunciar a la ideología woke, como sí han hecho otras gigantes audiovisuales (Disney, entre otros), la cual surgió en su día para referir el racismo de EEUU hacia los afrodescendientes, pero que hoy se ha convertido en el penúltimo meneo ideológico del progresismo y del Nuevo Orden Mundial (NOM), abarcando cosas bien distintas a las pregonadas en su origen: la ideología de género, el ateísmo, lo políticamente correcto, la corrupción de menores (como denomina el líder de Vox, Santiago Abascal, y la expulsada Carla Toscano, a un proceso que no sólo supone adoctrinamiento) y la cristianofobia. De hecho, la última polémica de Netflix ha sido volver a insultar a los cristianos, algo que no se atreve a hacer con los musulmanes.

Recientemente, recordábamos que a la progre, blasfema y cada vez más cara Netflix le faltan ideas y principios, pero todo le vale con tal de crecer en suscriptores y resultados. El último ejemplo se ha podido ver con el nuevo insulto a los cristianos al mostrar un beso entre un Papa y un cura en la serie The Sandman. basada en los cómics de Neil Gaiman, que ya ha provocado que Hazte Oír lanzara una recogida de firmas (que ya va por casi 76.000) y pidiera a la directora de contenido, Bela Bajaria, la retirada de la insultante escena. Sin embargo, en cuestión de contenidos, Netflix también ha tenido otras polémicas: en la serie mexicana El secreto del río promovió la ideología de género y la agenda woke, aludiendo incluso a un tercer género ¡Prrrr!; apostó por adoctrinar menores al mostrar un niño con tutú, tiara y papis homosexuales en Calle Cocomelon; o un bisonte no binario en Ridley Jones, la guardiana del museo; y no perdió de burlarse de los católicos con el mensaje ‘No creo en Jesús’ en vídeos infantiles o en la película That Christmas (Aquella Navidad), donde tildó a Jesucristo de un tipo un poco hípster que hoy no contaría su historia (la cual se narra en la Biblia) tal cual ocurrió sino como un festival divertido, multicultural y vegetariano, e incluso se pastoreaban verduras en lugar de animales, tres mujeres sabias en vez de a los Reyes Magos, a la Virgen María cantando una canción de Madonna sobre la decisión de abortar o no, y a una sandía emulando el embarazo y luego al niño Jesús como si este fuera abortado. 

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A todo esto se incluyen otras muchas polémicas, incluso entrando en aspectos políticos. Por ejemplo, canceló la película Sonido de libertad que carga contra la trata de niños; recibió críticas de Georgia Meloni, primera ministro de Italia, por su promoción de la droga; reescribió un crimen cometido por un adolescente afrodescendiente, con un actor de raza blanca. También, al igual que otras plataformas, Netflix se ha lanzado a sacar tajada del morbo que generan los crímenes reales (por ejemplo, con El caso AsuntaHomicidio: Los Ángeles o El cuerpo en llamas) e incluso se ha atrevido a contribuir al blanqueamiento de la banda terrorista ETA al incluir en su catálogo No me llame Ternera (documental de Jordi Évole donde entrevista al etarra Josu Ternera) y ha lanzado un documental sobre ‘La Manada’. Además, hace años llegó a chantajear al Estado de Georgia, hablando de reconsiderar su inversión si entraba en vigor una ley que restringía el aborto -la conocida como ley del "latido del corazón", que prohíbe interrumpir el embarazo después de las seis semanas de gestación- y está dentro del grupo de multinacionales que financian abortos al pagar gastos de viaje a empleadas para abortar y el propio Hastings declaró su apoyo a la candidata demócrata Kamala Harris, que al final acabó perdiendo en las elecciones de noviembre de 2024 ante Donald Trump. Eso sí, con la vuelta del republicano a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025 -que supuso la revolución del sentido común: Dios vuelve a entrar en el relato... y recordó lo evidente, como que únicamente hay dos sexos (hombre y mujer)-, y también por razones económicas, muchas empresas han renunciado a la ideología woke (McDonald’s, Disney, Toyota, Ford, Harley-Davidson, Walmart, Jack Daniel’s y John Deere son algunos ejemplos) e incluso progres como Jeff Bezos no han dudado en acercarse al político republicano, pero ni Netflix ni Hastings han hecho ninguno de estos movimientos. Habrá que ver qué hace su sucesor en Netflix, pues aún no se sabe quién será. 

La marcha del cofundador y presidente de Netflix se ha anunciado junto a los buenos resultados del primer trimestre y unas previsiones para el segundo trimestre que han decepcionado a los analistas... y todo ello ha provocado que la cotización cayera un 10% en las horas posteriores al cierre de mercado. Entre enero y marzo, la plataforma de streaming con sede en Los Gatos (estado de California) ha tenido unos ingresos de 10.390 millones, un 16,2% más que hace un año; y el beneficio neto se ha disparado un 83%, a 4.481 millones, por la indemnización recibida al rescindirse el acuerdo para comprar ‘Warner Bros. Discovery’ (WBD). Recuerden que en el culebrón de la puja por WBD, Netlix llegó a parar la recompra de acciones, pero ya la ha reanudado empezando por 1.102 millones. Eso sí, su deuda bruta asciende a 12.214 millones. De cara al segundo trimestre, prevé crecimiento de ingresos y beneficio, y un margen operativo del 32,6% por la mayor tasa de crecimiento de la amortización de contenido, pero las cifras contantes y sonantes se han situado por debajo de lo esperado por los analistas. 

“Contamos con una estrategia clara y una firme convicción en nuestro amplio potencial de crecimiento a largo plazo, con tres áreas de enfoque para alcanzar nuestros objetivos: ofrecer un mayor valor de entretenimiento; aprovechar la tecnología para mejorar nuestro servicio; y mejorar la monetización”, ha señalado la plataforma de streaming. “El sector del entretenimiento sigue siendo extraordinariamente dinámico y competitivo. Nos encontramos en una posición sólida y trabajamos arduamente para potenciar nuestras ventajas. A lo largo de los años, hemos aprendido que lo mejor que podemos hacer es mantenernos enfocados y mejorar más rápido que la competencia”. Además, conviene recordar que se ha quitado del fracaso en la puja por WBD con la compra de InterPositive, compañía que aplica herramientas de Inteligencia Artificial (IA) al cine y que fundó el actor, director, guionista y productor estadounidense Ben Affleck en 2022; y que ha anunciado que quiere destinar 20.000 millones de dólares a producir películas y series ‘de calidad’, ¡ay madre!