Hace unos años, la industria alemana, en especial, la automovilística vivía tiempos dorados y contribuía a que se viera a todo un país como la gran locomotora económica dentro de la Unión Europea. Pero aquellos tiempos no son los de ahora, en parte, por la guerra de Ucrania que estalló el 24 de febrero de 2022 y provocó el veto del gas ruso del que tanto se nutría la economía germana; a eso se sumó: el grave error de cerrar sus centrales nucleares; la crisis mundial del automóvil (en lo que han influido los altos costes de producción y la baja demanda del eléctrico); el impacto de los aranceles; un nuevo encarecimiento de los hidrocarburos al empezar la guerra de Irán el pasado 28 de febrero y una imparable colonización de marcas automovilísticas chinas; entre otros aspectos. La industria del motor europea se gripa, sobre todo, en Alemania, algo que se ve en los bajos resultados de muchos grupos y en los anuncios de decenas de miles de despidos.

Así se ha podido ver en las cifras del grupo Volkswagen y de una de sus marcas (Porsche), así como en las de BMW y Mercedes-Benz. En el caso del primero, que tiene su sede en Wolfsburgo, se avivó el pánico en el sector cuando anunció que podría llegar a 100.000 despidos hasta 2030, en vez de los 50.000 anunciados en un principio. A esta medida se sumaría el cierre de plantas germanas, una mayor reducción de la producción y el descenso a la mitad en el número de modelos. A pesar de unos resultados semestrales que han registrado descensos, pero aún mantienen cifras potentes, ya se habla de bajar más las inversiones y gastos generales en un grupo que tiene 111 fábricas en el mundo y 663.000 empleados. Claro que una de sus marcas, la de coches deportivos de alta gama Porsche ya ha anunciado que despedirá a 5.000 empleados más, al tiempo que menguará la paga extra de Navidad y el teletrabajo. Por su parte, BMW (que tiene como primer accionista a la familia Quandt) va a despedir a 8.000 trabajadores, tras el impacto en sus cuentas del fuerte desplome que está teniendo en China; y hace unos meses, Mercedes-Benz ya refirió un plan de ajuste de costes de 5.000 millones de euros hasta 2027, a través de bajas incentivadas voluntarias en sus plantas alemanas. 

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A estos ajustes de plantilla se suman unos resultados semestrales que no han sido buenos. El gigante Volkswagen se ha beneficiado de su tamaño y de la buena evolución de algunas marcas (entre ellas, las españolas SEAT y Cupra, y la checa Skoda), manteniendo sus ingresos en 158.102 millones de euros (-0,2%), pese a vender 3,99 millones de unidades (-8,4%). Unas cifras que superan las que han facturado Mercedes-Benz (63.663 millones, un 4% menos) y BMW (62.266 millones, un 8% menos), con unas ventas de 1,0115 millones de unidades (-6% entre las marcas BMW, Mini y Rolls-Royce, y motos) y 1,15 millones (-4,2%), respectivamente. En beneficio de explotación (ebit) también lidera Volkswagen, frente a sus compatriotas, con 5.931 millones (-11,6%); aunque en beneficio neto la diferencia entre los tres grupos es más reducida. El primero ha ganado 3.103 millones (-30,7%); BMW, que tiene su sede en Múnich, 2.872 millones (-28,5%); y Mercedes-Benz, cuya sede está en Stuttgart, ha obtenido un beneficio de 2.516 millones (-6%).

En cualquier caso, los tres fabricantes automovilísticos alemanas han tenido una peor evolución en sus resultados que la que se ha visto en los de otros países europeos, como el francés Renault, el neerlandés Stellantis y el italiano Ferrari, que han empezado a pisar el acelerador en un contexto de crisis mundial del sector y de fuerte competencia y colonización china. En el caso del francés, ha ingresado 30.252 millones (+9,5%), pese a ventas estancadas (1,16 millones de unidades), y desde hace años prioriza el valor sobre el volumen; cifras que se han quedado por debajo de las de Stellantis, que posee 14 marcas (Peugeot, Opel, Citroën, Fiat, Jeep y Chrysler, entre otras), ha facturado 81.614 millones (+10%) y ha vendido 2,96 millones de vehículos (+11%). Y el italiano ha mejorado sus ingresos un 6%, hasta 3.786 millones, muy por debajo de Porsche (17.229 millones, un 5,1% menos); pese a que ha reducido sus ventas a 6.805 unidades (incluido el polémico Luce).

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Y en resultado neto, el francés (que fabrica en España en Valladolid y Palencia, y también motores y cajas de cambio en Valladolid y Sevilla a través de Horse -sociedad que comparte con el chino Geely y la petrolera saudí Aramco) ha pasado de pérdidas a números negros al cambiar la forma de contabilizar su participación en el japonés Nissan, ganando 705 millones. Esta cifra ha superado la obtenida por Stellantis (que produce en España en las plantas de Vigo, Figueruelas y Madrid; se ha aliado con los grupos chinos Dongfeng y Leapmotor; y está levantando una gigafábrica de baterías con la tecnológica china CATL en Figueruelas con unos primeros empleados chinos)… y eso que cuenta con menos marcas, aunque no los 3.786 millones que ha ganado Ferrari y que en resultado también ha vencido a Porsche (1.071 millones, un 49% más).