En más de una ocasión, decíamos en Hispanidad que el hidrógeno verde aún no es rentable sino un negocio ruinoso, algo que ha llevado a que se requieran de alianzas y de ayudas públicas. Eso sí, siempre alcanzará antes la rentabilidad si se produce al lado de donde se va a consumir que si se opta por transportarlo. La apuesta de algunas compañías como Repsol, Iberdrola y BP se centra precisamente por la primera opción, que es la más acertada.

Claro que no hay que perder de vista que se vive cierto reflujo en el tema del hidrógeno renovable, y más desde que la economía ahora prima sobre la ecología y desde que el entorno geopolítico se ha visto alterado en los últimos años con distintos conflictos (el penúltimo, el que ha estallado en Irán, tras los ataques de EEUU e Israel, y su respuesta). Meses atrás, Olvido Moraleda, consejera delegada de la petrolera británica BP en España, habló de sobreoptimismo y burbuja en hidrógeno verde, y también se han ido dando más movimientos que reflejan el citado reflujo: en Iberdrola se pidió al CEO, Pedro Azagra, que minimizara la división de hidrógeno... y en 24 horas se deshizo del equipo entero; en Repsol se decidió ir a un paso más lento al reducir la inversión en hidrógeno verde y cancelar la planta de Puertollano, pero se aprobó la inversión en sus dos primeros electrolizadores para Cartagena y Bilbao; y la multinacional estadounidense Accelera by Cummins (socia de Iberdrola y BP) hará un ERE para la mayoría de la plantilla de su planta de Guadalajara, donde fabricaba electrolizadores... y que visitó Pedro Sánchez (quien otra vez parece que ha sido algo ‘gafe’).

Relacionado

Hace unas semanas, Josu Jon Imaz, CEO de Repsol, refirió que para que el hidrógeno verde sea rentable, “la energía eléctrica con la que se alimentan los electrolizadores debería costar entre 10 y 15 euros por megavatio-hora (MWh)”. Algo para lo que aún falta mucho porque en 2025, el coste medio fue de 65-69 euros/MWh, por lo que estuvo entre cuatro y seis veces por encima del citado umbral de rentabilidad. Desde Repsol, se ha pasado de anunciar una inversión de 2.549 millones de euros hasta 2030 para generar 1.900 megavatios (MW) de hidrógeno verde a reducir la inversión y la capacidad a 600-700 MW, priorizando proyectos con demanda asegurada o usos industriales inmediatos,… y habrá que esperar a ver si se vuelve a ajustar a la baja en la actualización del plan estratégico que se conocerá el próximo martes 10.

Días atrás, Castellón Green Hydrogen SL (empresa conjunta de BP e Iberdrola) anunció que su proyecto de hidrógeno verde que está levantando junto a la refinería de la petrolera británica en Castellón y en el que invertirán más de 70 millones de euros, está al 90% de su montaje y empezará las pruebas de funcionamiento y rendimiento de los equipos el próximo mayo. Contará con un electrolizador de 25 MW que se alimentará con energía renovable (fotovoltaica y eólica) de la eléctrica que dirige Ignacio S. Galán y se prevé que produzca 2.800 toneladas anuales de hidrógeno verde para sustituir parte del hidrógeno gris que utiliza la refinería. En dicho proyecto participa el Instituto Tecnológico de la Energía (ITE) y ha obtenido una financiación de 15 millones de los fondos europeos. Carolina Mesa, vicepresidenta de hidrógeno para Europa y MENA (Oriente Medio y Norte de África) de BP, señaló que se trata de “avances tangibles en un proyecto clave de descarbonización industrial y consolida a la refinería de BP en Castellón como referente en el país”. Julio Castro, CEO de Iberdrola Energía Sostenible España, afirmó que “es un ejemplo real de la electrificación de la industria, que permite reducir las emisiones de CO2 y reforzar la seguridad de suministro de energía”.

Relacionado

Por su parte, Moeve (antes Cepsa) también iniciará la producción de hidrógeno renovable al lado de su consumo, en concreto, junto a su Parque Energético La Rábida en Palos de la Frontera (Huelva). Al publicar sus resultados de 2025, ha anunciado la decisión final de inversión para empezar a construir el mayor proyecto de este vector energético en el sur de Europa. En su primera fase, llamada Onuba, se invertirán más de 1.000 millones y Moeve controlará el 51% pero recibirá ayudas públicas y contará con socios: Masdar -empresa estatal de energía renovable emiratí que es propiedad de Taqa, la petrolera Adnoc y Mubadala (primer accionista de Moeve)- y Enalter -una compañía que apuesta por desarrollar gases renovables y tiene como accionista mayoritario a Enagás Renovable -filial de Enagás en la que participa Amancio Ortega a través de Pontegadea con un 5%- y como minoritario a Alter Enersun -la empresa de Ricardo Leal, que es dueño de Cristian Lay y el más rico de Extremadura-). Y por cierto, la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ya ha empezado a hacer algo de campaña para las autonómicas andaluzas de dentro de unos meses, pues ha visitado dicho proyecto.

Esta iniciativa de Moeve ha sido reconocida como Proyecto de Interés Común Europeo (PCI) por la Comisión Europea y ha recibido 304 millones del Gobierno, procedentes de los fondos europeos, para el desarrollo de hasta 400 MW. Por ahora, 300 MW servirán para producir unas 45.000 toneladas de hidrógeno verde anuales que se usarán en la fabricación de combustibles para automoción y transporte por carretera, aviación y sector marítimo, así como para descarbonizar la industria química y de fertilizantes. Eso sí, otros 100 MW dependen de la obtención de capacidad adicional de red eléctrica y de la aprobación del Consejo de Administración. Es cierto que Moeve ha empezado con el citado vector energético apostando por producirlo al lado de donde se va a consumir, pero más adelante quiere ir más allá y transportarlo. Eso sí, no llega a la locura de Enagás con los hidroductos y mucha financiación pública, sino que Moeve quiere hacerlo añadiendo nitrógeno para convertir el hidrógeno renovable y convertirlo en amoniaco verde, y después transportarlo en barco, un transporte que es más barato que el del gas natural licuado (GNL).

Relacionado

En el entretanto, a la danesa Maersk ni está ni se le espera en lo relacionado con hidrógeno verde en España… y menos con la guerra de Irán. El paso por el estrecho de Ormuz está suspendido y la segunda naviera del mundo suspendió temporalmente los servicios que conectaban Oriente Próximo con el Lejano Oriente y con Europa, después de la sus pensión del transporte marítimo de mercancías con destino y procedencia a siete países de la región (Emiratos Árabes Unidos, Omán, Iraq, Kuwait, Catar, Baréin y algunos puertos de Arabia Saudí). Recuerden que en noviembre de 2022, Pedro Sánchez anunció a bombo y platillo un pacto con Maersk, que iba a suponer una inversión de unos 10.000 millones de euros con socios privados para producir metanol verde en nuestro país. Eso sí, dicha producción iba a ser con una tecnología aún inmadura y demasiado cara: combinando hidrógeno verde (el cual, como bien saben, aún no es rentable) y captura de CO2 (algo que aún está en un nivel muy incipiente). Y ojo, porque en el caso de Maersk, no sólo se habla de un notable retraso en su proyecto en España, sino que ahora se teme que le pueda dar carpetazo definitivo.