El año 2025 se ha despedido con un hecho insólito en Oriente Medio, con efectos en el cuerno de África y hasta en España. El reconocimiento unilateral de un Estado secesionista como es Somalilandia por parte de Israel no solo ha ganado un aliado estratégico frente a los hutíes en el Mar Rojo, sino que supone un mensaje cifrado a ciertas cancillerías europeas y, muy especialmente, en el Palacio de la Moncloa por haber reconocido el Estado de Palestina. Algunos observadores creen que no será el único movimiento del gobierno israelí de Benjamín Netanyahu, y se especula con algo parecido en el futuro tras la anunciada celebración de un referéndum de autodeterminación de Yemen del Sur.
Por eso el más perjudicado de estos actos diplomáticos en África podría ser España, a pesar de estar a más de ocho mil kilómetros de distancia. Tel Aviv parece haber usado el antisemitismo de Pedro Sánchez, del PSOE y Sumar con el apoyo de los terroristas de Hamas, así como el reconocimiento del Estado de Palestina en su conflicto con el gobierno judío, como una señal de advertencia: Israel podría consumar su venganza reconociendo los postulados de Puigdemont y sus aspiraciones de declarar la República Catalana -aunque sin necesidad de ir tan lejos por ahora-, para evitar la reacción agria de otros aliados en la UE.
Para Somalilandia, este reconocimiento es el fin de 34 años de un exilio diplomático injusto. Desde 1991, este territorio -de un tamaño poco más grande que Grecia- ha funcionado como una democracia estable, con moneda propia y ejército, mientras su "matriz", Somalia, se hundía en el caos del yihadismo.
Sin embargo, no pocos observadores opinan que para Israel, el reconocimiento es puro pragmatismo militar. Al oficializar lazos diplomáticos con Somalilandia, Tel Aviv se asegura un puesto de vigilancia privilegiado en el estrecho de Bab el-Mandeb para controlar los ataques de hutíes desde Yemen a Israel.
Pero hay un ingrediente más amargo en esta respuesta israelí en forma de "venganza diplomática". Tras un 2024 y 2025 en los que España lideró el reconocimiento del Estado de Palestina en Europa, Israel ha decidido que ya no se siente obligado a respetar el dogma de la "integridad territorial" que tanto preocupa a Madrid.
La conexión pues con España parece inevitable. El golpista catalán Carles Puigdemont, desde su refugio de la justicia española en Waterloo (Bélgica), no ha tardado ni 24 horas en celebrar el gesto de Netanyahu, afirmando que este paso "abre la puerta a otros reconocimientos internacionales". Para el independentismo catalán, Somalilandia es el espejo perfecto: un territorio que ejerce un control efectivo, que es pacífico y que, tras décadas de olvido, logra que una potencia mundial valide su independencia sin el permiso del Estado central.
No pocos observadores opinan que para Israel, el reconocimiento es puro pragmatismo militar. Al oficializar lazos diplomáticos con Somalilandia, Tel Aviv se asegura un puesto de vigilancia privilegiado en el estrecho de Bab el-Mandeb para controlar los ataques de hutíes desde Yemen a Israel
Aunque el reconocimiento de una Cataluña independiente por parte de Israel parece de momento un escenario remoto, la sola mención del tema en la Knesset (el parlamento israelí) actúa como un potente factor de inestabilidad para el Gobierno español.
La reacción internacional al gesto de Israel ha sido unánime en su condena. Mientras la UE se aferra a la soberanía de Somalia para evitar precedentes en suelo europeo, países como China ven en este movimiento un peligroso paralelismo con Taiwán.
La economía de Somalilandia, impulsada por el puerto de Berbera y ahora por la promesa de tecnología agrícola y militar israelí, podría convertirse en un caso de éxito de una secesión unilateral reconocida en el siglo XXI. Aunque su población mayoritariamente es musulmana suní, el gesto diplomático israelí refrenda los “Acuerdos de Abraham” gracias a EEUU de establecer nexos de todo tipo entre Israel y varios estados árabes en Oriente Medio.
Yemen del Sur e Irán, desafíos múltiples para el Sanchismo
España se encuentra en una encrucijada que obliga a Moncloa a equilibrar su apoyo a la causa palestina pero con la necesidad de no dar alas a un Israel que parece dispuesto a jugar la "carta secesionista" de Cataluña como herramienta de presión. Somalilandia está lejos, en el cuerno de Africa, pero el precedente que ha sentado Israel ha acercado el debate sobre la soberanía a las puertas de Europa más de lo que nadie del Gobierno español en Madrid se atreve a admitir.
Para el expresidente catalán, esta tensión es una oportunidad de oro. Su estrategia siempre ha sido buscar "grietas" en el consenso internacional. Puigdemont sabe que cuanto más se deteriore la relación Sánchez-Netanyahu, más probable es que sectores influyentes en Israel (inteligencia, defensa, grupos mediáticos y hasta sectores radicales del Parlamento judío) empiecen a ver con buenos ojos una Cataluña independiente que fuera "más amiga" de Israel que la España actual.
Puigdemont sabe que cuanto más se deteriore la relación Sánchez-Netanyahu, más probable es que sectores influyentes en Israel (inteligencia, defensa, grupos mediáticos y hasta sectores radicales del Parlamento judío) empiecen a ver con buenos ojos una Cataluña independiente que fuera "más amiga" de Israel que la España actual
Diputados israelíes como Sharren Haskel, del partido Tikva Hadashá, están a favor de que Israel reconozca la independencia de Cataluña, el País Vasco y otras regiones como "represalia directa" al reconocimiento de Palestina por parte del Gobierno español.
"No es posible que España declare que la obligación de la comunidad internacional es responder a la demanda de un pueblo que reclama la independencia..(Palestina), mientras ignora la demanda de independencia de otros pueblos en su interior con una cultura, lengua y características únicas", declaró la diputada judía en mayo del 2024.
Para el independentismo catalán, la decisión de Israel de reconocer Somalilandia es una victoria narrativa. En sus redes sociales, Puigdemont celebró el hito afirmando que "abre la puerta a otros reconocimientos internacionales" y felicitó a Somalilandia por demostrar que la independencia de facto puede convertirse en derecho de iure. Para Junts, este caso valida su tesis: si una potencia como Israel puede reconocer una secesión unilateral, el "muro" de la UE contra la independencia de Cataluña podría empezar a agrietarse.
El Gobierno de Pedro Sánchez, de momento, no ha emitido ninguna postura oficial, prefiriendo alinearse estrictamente con la UE que pide mantener la unidad de Somalia y califica el movimiento de Israel de "unilateral e irresponsable". El miedo del PSOE es doble: por un lado, la inestabilidad en el Mar Rojo y por otro, el temor a que Israel utilice este precedente para castigar a España reconociendo, en un futuro, algún tipo de soberanía catalana como respuesta a la postura española sobre Gaza y los ataques intolerables contra el Estado judío desde las filas del Ejecutivo social-comunista. (“Palestina libre desde el río hasta el mar”, en palabras de la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz).
Que sepamos este Gobierno español tampoco se ha pronunciado nunca contra el genocido cometido en la actual Somalilandia por parte del régimen somalí, cuyas víctimas, según cifran algunas fuentes, podrían ser muy superiores a las de Gaza.
Para Junts, este caso valida su tesis: si una potencia como Israel puede reconocer una secesión unilateral, el "muro" de la UE contra la independencia de Cataluña podría empezar a agrietarse
El PP, tan tibio como siempre en cuestiones internacionales, aprovecha para echar en cara que la política exterior de Sánchez haya "provocado" a un aliado estratégico (Israel) hasta el punto de que éste ahora juegue con los secesionismos que afectan directamente a los intereses españoles.
Vox se encuentra en una posición incómoda. Por un lado, son el partido más firme en su apoyo a Israel en su lucha contra el islamismo radical. Por otro, su defensa de la unidad de España es innegociable. Y del reconocimiento de Somalilandia culpan exclusivamente a la "diplomacia sanchista" de haber empujado a Israel a tomar medidas tan extremas.
Otro comodín que se guarda Tel-Aviv y aprovecharía el independentismo catalán, pasaría por apoyar la celebración de un referéndum de autodeterminación en Yemen del Sur para proclamar posteriormente su independencia. Algunos medios occidentales sostienen contactos discretos con Israel de líderes separatistas del Consejo de Transición del Sur (STC), sugiriendo que estarían dispuestos a sumarse a los Acuerdos de Abraham a cambio de un reconocimiento similar al de Somalilandia.
Un Yemen del Sur independiente sería un aliado vital para Israel contra los hutíes (respaldados por Irán). Permitiría a Tel-Aviv tener bases o estaciones de inteligencia a ambos lados del Mar Rojo (Somalilandia y Adén). Por otro lado, las revueltas en Irán de estos días insuflan ánimos a Netanyahu a hacerse fuerte en Oriente Medio aunque no caiga el régimen teocrático islámico. En otro sentido, Israel especula que el fin de los apoyos iraníes a fuerzas políticas radicales españolas puede contribuir a debilitar aún más el progresismo antisemita hostigado desde Moncloa.
Lo que parece claro es que las acciones y/o la pasividad en la diplomacia internacional tienen tarde o temprano repercusiones domésticas como bien alude la teoría del efecto mariposa. “Las palabras tienen importancia”, reitera Pedro Sánchez. En efecto, si alguien piensa que el cuerno de Africa está muy lejos para los delirios megalómanos en Moncloa o la sede de Ferraz, recuerden a los biógrafos de Churchill cuando decían: "La lección más grande en la vida es saber que incluso los tontos tienen razón a veces".











