Todavía no tengo muy claro qué pretende el cardenal-arzobispo de Madrid, don José Cobo, con su Convivium, o convocatoria de más de 1.500 curas madrileños alrededor de su persona. Supongo que es la alegría del encuentro... encuentro con el cardenal, que no con Cristo.

En cualquier caso, en una parroquia madrileña de cuyo nombre no quiero acordarme, se ha anunciado, en la mañana del viernes 6, ya saben para aquellos fieles que acudan a la misa diaria, que el lunes 9 y el martes 10 no habrá misas porque tenemos el Convivium con el cardenal.

En la misma convocatoria del mencionado 'convivium', monseñor Cobo ya aconsejaba la supresión de misas. Precisamente, él, un obispo, que es quien puede permitir a los sacerdotes que oficien más de una misa por día en caso de necesidad.

San Juan Pablo II decía que la Iglesia vive de la Eucaristía y toda la literatura católica habla de que la supresión del Santo Sacrificio es símbolo inequívoco de fin del ciclo y de algo aún peor: el de la sustitución de la Eucaristía por la adoración de la Bestia, que eso sí será el final.

No digo que monseñor José Cobo esté propiciando la abominación de la desolación, sólo digo que un obispo debe animar la celebración del Santo Sacrificio, no su supresión.

¿Qué está pasando?

Mi consejo es lo que podríamos denominar la santa desobediencia, aunque no estoy muy seguro. Cura: no vayas al Convivium de Cobo: oficia la eucaristía para tus fieles, aunque suponga no ir al Convivium, porque la Iglesia vive de la Eucaristía y su supresión es signo de fin de ciclo. Bueno, o llega un poco tarde al joío Convivium.