En España, Sánchez continúa con su intención de legalizar la blasfemia, pero esta corriente está en todo el mundo. Sólo hay que recordar las críticas al discurso cristiano de inauguración de la Copa América, mientras todo fueron loas a la Premier League, porque interrumpe sus partidos para que los jugadores coman tras el Ramadán. Occidente se desangra. Y la muestra más grande la vimos ne los últimos Juegos Olímpicos, los más blasfemos de la historia, de la mano de Emmanuel Macron.

Ahora era el tuno de Italia, que podía continuar con esta corriente o pararla y hacer algo digno y distinto. La primer ministro, Giorgia Meloni, ultra, fascista y seguramente violenta en la intimidad, ha optado por la segunda opción, y las redes sociales no han tardado en hacerse eco de las notables diferencias de ambas ceremonias de inauguración, la francesa y la italiana.