El anuncio de España de regularizar a más de medio millón de migrantes ilegales (en buena parte de origen musulmán, del continente africano) y de organizar un gran reemplazo, se suma al asedio musulman de Occidente que desde hace años se practica en el viejo continente, con Turquía a la cabeza. Pero no solo con armas en sus fronteras sino exportando mano de obra turca a Europa, fomentando la natalidad allí y difundiendo el credo islámico por el continente envejecido.
Por ello ya son varios intelectuales e historiadores (no solo políticos) que advierten desde hace unos años de una “invasión silenciosa” en Occidente. No hay naves otomanas en el horizonte como en otras épocas históricas pero el peligro es mayor. El campo de batalla actual pasa no solo por las cunas y la demografía sino por cierta narrativa política como la que asumen dos mandatarios por razones distintas: el presidente socialista español Sánchez y el presidente turco Erdoğan del partido islámico Bienestar.
Europa abrió en su día las fronteras en tiempos de la ex cancillera alemana Angela Merkel con la llegada masiva de migrantes por la guerra en Siria en 2015 cuando pronunció la célebre frase: “Wir schaffen das” (Nosotros lo lograremos). Tras el estrepitoso fracaso y los numerosos atentados de tinte yihadista en suelo europeo, los gobiernos parecieron dar la espalda al buenismo.
Ahora el presidente Sánchez ha vuelto a abrir las fronteras europeas no por “compasión” sino por motivaciones electorales (según el CIS el 80% de los musulmanes se inclina por el voto progresista) al decidir regularizar 500.000 migrantes ilegales en España con el consiguiente efecto llamada para el resto de Europa. Con papeles españoles tendrán derecho a moverse libremente por la UE, residir y vivir de la sopa boba de las ayudas sociales mientras reagrupan a la familia, engrosan el censo y se dedican a extinguir desde dentro los valores cristianos imponiendo “sus costumbres”.
El campo de batalla actual pasa no solo por las cunas y la demografía sino por cierta narrativa política como la que asumen dos mandatarios por razones distintas: el presidente socialista español Sánchez y el presidente turco Erdoğan del partido islámico Bienestar
Occidente que pretendía controlar la migración masiva abre repentinamente sus puertas de par en par por un falso humanismo gracias a la decisión de Moncloa por un lado y el expansionismo otomano de un soñador de la “Gran Turquía” por otro.
La visión mística del presidente Erdoğan busca revertir la "humillación" del Tratado de Lausana de 1923 para el nacionalismo islámico turco, que definió las fronteras actuales tras la caída del Imperio Otomano. La “Gran Turquía” comprendería además zonas de la actual Siria (Alepo), Irak (Mosul y Kirkuk), el Cáucaso así como partes de Grecia y Bulgaria entre otros.
La invasión silenciosa a la que se refieren distintos autores como Marcelo Gullo trae a la memoria el Al-Andalús y la ocupación musulmana (durante siete siglos de la Península Ibérica) o siglos más tarde la expansión del imperio otomano por el continente hasta su caída gracias a Juan de Austria en la batalla de Lepanto.
El actual asedio no empuñan las armas en las manos como antaño (aunque también) sino se está llevando a cabo la tercera tentativa de invasión musulmana a Europa a través del credo de Mahoma, aprovechando el avance ante un Occidente sin descendencia y sin fe. Los nuevos ciudadanos europeos de religión musulmana son un caballo de Troya pues crecen con desprecio hacia los valores europeos sin el control de las autoridades.
El presidente turco en Ankara parece liderar esta estrategia desde dentro de la propia OTAN. Recep Tayyip Erdoğan que ha sabido capitalizar la debilidad de la UE, es visto a menudo como un socio incómodo en la Alianza Atlántica. En un sonado discurso en Estrasburgo en 2017 instó a los emigrantes turcos en Europa a tener hasta cinco hijos, afirmando que ellos serán "el futuro de Europa".
Esta visión se complementa con el control que ejerce Ankara sobre miles de mezquitas en el exterior a través de la Diyanet, la institución estatal turca que envía imanes y fondos, asegurando que la diáspora no se integre sino que actúe como una avanzadilla ideológica del neo-otomanismo. Turquía sigue enviando imanes a Europa (especialmente a Alemania y Francia) que actúan como funcionarios del Estado turco. Allegados a Erdoğan sostienen sin rubor que “los minaretes son nuestras bayonetas, las mezquitas nuestras barracas y nuestros creyentes nuestros soldados”.
Según la prensa turca, el pasado mes de diciembre Erdoğan aseguró que los 7 millones de turcos que viven actualmente en el extranjero (principalmente en Europa) ya no son simples trabajadores, sino personas que "tienen voz, voto e influencia en todos los campos".
El presidente turco ha descalificado la asimilación de los musulmanes en la cultura europea como un "crimen contra la humanidad".
No es la única ocasión que usa el púlpito para presentar al Islám como el único salvador de la "dignidad humana" frente a la "decadencia moral" de Occidente, en alusión al movimiento LGTBI (que tanto defiende Sánchez) a los que califica de "plaga" y "enemigos de la humanidad". Y si no fuera suficiente aprovecha además un canal estatal internacional de tv turco TRT WORLD para evangelizar a su diáspora el mensaje de la Gran Turquía y para socavar la hegemonía cultural de Occidente desde dentro.
Según informes de inteligencia europeos, se ha detectado que en mezquitas no solo imparten fe, sino que promueven el voto en bloque hacia partidos que favorezcan los intereses de Ankara o que sean más laxos con la islamización, convirtiendo el derecho al voto en una herramienta de política exterior turca. Asimismo advierten de la emisión de pasaportes falsos a refugiados extranjeros desde Estambul con el visto bueno en muchas ocasiones de las autoridades europeas.
La OTAN pese a todo tolera a Turquía y las tensiones con Grecia y Chipre porque supuestamente controla los flujos migratorios de Oriente Medio de más de 4 millones de refugiados sirios (a cambio de miles de millones de euros) y es garante del Mar Negro en especial desde la guerra de Rusia en Ucrania. Algunos críticos sin embargo afirman que Erdoğan se comporta como un sultán moderno buscando revertir la histórica derrota de Lepanto en 1571 por medios demográficos y religiosos.
El objetivo de expansionistas islámicos como el presidente turco es conquistar silenciosamente el viejo continente mediante la ocupación del espacio público. Bruselas admite de facto este discurso porque la OTAN necesita el ejército de Ankara aunque se ve obligada a mirar hacia otro lado. Con Sánchez parece que los burócratas comunitarios no alcanzan ver su dimensión de regularizar tantos migrantes ilegales.
Autores como el británico Douglas Murray hablan de la extraña muerte del continente por la llegada masiva de personas de una cultura que considera a la civilización receptora como inferior o decadente. La escritora italiana Oriana Fallaci advirtió ya en los 90 sobre la llegada de Eurabia.
Lo escribió hace 24 años, ella, feminista.
— Javi Rodrigo (@JaviRodrigo11) January 6, 2025
Oriana Fallaci
Hace 24 años pic.twitter.com/1oBqEC5yz0
Según las proyecciones del Pew Research Center (fact-tank) en Washington para mediados de siglo, algunos países europeos podrían tener poblaciones islámicas superiores al 20% o 30% en contraste con los 18 millones actuales en la UE. Esa cuota ya es cercana al 50% actualmente en las ciudades de Ceuta y Melilla. Europa se extingue demográficamente desde hace décadas con tasas de natalidad casi nulas.
El pensador francés Renaud Camus, creador del término "El Gran Reemplazo" -descalificado por la izquierda europea por ser un especie de conspiranoico-, sostiene que este proceso es alentado por élites tecnócratas que ven a los seres humanos como piezas en un mercado global, ignorando el valor de la herencia cultural y espiritual. Y en todo esto, España no es ajena de causa y efecto, sobre todo desde que el partido Podemos de Irene Montero y Pablo Iglesias, instigan la regulación de los migrantes como “reemplazo de fachas”.
El gobierno español es punta de lanza en la transformación continental
En contra de la estrategia de controlar la llegada masiva de migrantes en la UE, España se apea y se convierte en punta de lanza de esta transformación radical. Mientras en no pocos barrios europeos ha desaparecido la identidad cristiana ante el avance de la sharía social en los guetos, España está pasando por alto algo similar con el añadido del creciente auge de la criminalidad y violencia callejera.
El expansionismo islámico inducido de Sánchez desde un país que en otros siglos paró los pies primero a los musulmanes con la Reconquista y posteriormente evitó por segunda vez la claudicación de Occidente por el imperio otomano, se suma hoy a secundar las prácticas de Erdoğan certificando la rendición occidental.
Por ello, algunos historiadores y analistas advierten del riesgo de balcanización y la pérdida definitiva de la libertad y valores democráticos. La gesta naval de Lepanto ha quedado en los libros de historia pero se rememora como lucha por la supervivencia cultural.
El anuncio español de regularizar por de pronto medio millón de migrantes (el partido Podemos habla de hasta 700.000, además de conceder la nacionalidad y hasta cambiar la ley para que voten) implica que las leyes de reunificación puedan triplicar o cuadruplicar esa cifra en pocos años, acelerando la transformación del mapa sociológico tanto español como europeo. Pronto olvidamos también, que la sanidad pública española (universal y gratuita) experimentará la máxima extenuación de su asistencia primaria y de urgencias con la avalancha que se nos viene encima engrosando aún más las listas de espera y sacudiendo la calidad sanitaria.
Como el comodín del voto juvenil ya no funciona para los progresistas del Gobierno socialcomunista –en vista a que se inclinan más por la derecha– ahora prueban con los migrantes nacionalizados con derecho a voto. Más descaro imposible en modificar el censo.
Al legalizar así Moncloa la entrada de miles de indocumentados (con el consentimiento del PP europeo de Von der Leyen), otro socio de la OTAN junto a Turquía está enviando un mensaje de impunidad al Magreb y al Sahel, consolidando a España como la principal puerta de entrada para un flujo que las estructuras del Estado no pueden procesar culturalmente.
Las continuas concesiones de Sánchez y el PSOE a las comunidades musulmanas en España en forma de subvenciones, prestaciones sociales, transferencias multimillonarias a Marruecos, elogios al Ramadán, edictos y bandos municipales en árabe, nacionalizaciones a migrantes sin saber español, el culto en mezquitas que esconde el integrismo islámico, práctica de ritos, la enseñanza religiosa, los menús musulmanes en las escuelas españolas, el uso del hiyab, la elección de concejales y partidos pro-islamistas, así como de proclamas antisemitas y loas a favor de regímenes pro yihadistas contra Israel, forman parte de toda esa animadversión contra la fe, valores cristianos así como principios democráticos en España como nunca antes se había conocido, todo ello bajo el eufemismo encubierto del progresismo y contra la xenofobia de la derecha.
¿Por qué no se pone el mismo empeño hacia la comunidad de hispanoamericanos con quienes hay mucha más afinidad cultural y sanguínea? Algo tendrá que ver que muchos de estos huyen hartos de dictaduras populistas de izquierdas en Latinoamérica.
Veremos si la UE y sus socios se enmiendan en el asunto ante las prácticas otomanas tanto desde Moncloa como desde Ankara. En caso contrario, los españoles como el resto de europeos en el fondo asistiremos en democracia a la propia destrucción democrática.













