
Dos detalles que señalan el recrudecimiento de un sionismo cristófobo, al albur de la guerra de Gaza, Irán y el Líbano: una patrulla del ejército israelí destroza en Líbano una imagen de Jesucristo y, semanas atrás, en plena Semana Santa, Benjamín Netanyahu, siempre sionista -poco respetable- antes que hebreo -condición respetabilísima- detuvo al patriarca de Jerusalén, el arzobispo y cardenal católico Pierbattista Pizzaballa, nada menos que cuando acudía a la Iglesia del Santo Sepulcro, para oficiar la misa y procesión del Domingo de Ramos.
La actitud israelí me recuerda aquello de que más vale pedir perdón que pedir permiso. Lo de la patrulla israelí provocó una petición de disculpas del Gobierno Israelí pero no se tomó ninguna medida de castigo por la blasfemia. Además, demuestra que en el pueblo judío ha cundido una cristofobia que puede acabar como la islamofobia reinante en el Estado desde hace décadas.
Pero existe una gran diferencia. Es lógico, diría que casi natural, que el judío sienta aversión por los musulmanes desde 1948. Ahora bien, ¿por los cristianos? Mucho me temo que esté resurgiendo en el mundo el sionismo cristófobo que le hacía expresar a un alto cargo de la embajada israelí en Madrid: “Eulogio, los campos de exterminio se crearon en la cristiana Europa". Y no necesito explicar lo que eso significa y, sobre todo, lo que eso justifica.
Los judíos son nuestros hermanos mayores en la fe, merecen todo respeto y todos sabemos que están llamados a jugar un papel relevante al fin de los tiempos. Por ejemplo, ahora mismo. A los sionistas, por ejemplo, más que Yavé les importa el Gran Israel… pues lo siento pero siempre han resultado cristófobos furíbundos por los que no siento el menor respeto.
La patrulla israelí que practicó el martirio de las cosas, que profanó una imagen de Cristo en el Líbano cristiano, debiera ser algo más que contradicha. Debiera ser sancionada. Y que Benjamín Netanyahu, ceda sólo ante las presiones norteamericanas y permita la celebración de la pasión en Jerusalén, no me consuela mucho, sobre todo acerca de sus intenciones.
Todo esto también me recuerda aquella anécdota sobre el periodista judío que firmó el libro: entrevista con el cardenal Jean-Marie Lustiger, judío y arzobispo de Madrid: “Si antes del fin del mundo los judíos tiene que convertirse a Cristo… entonces queda muchísimo tiempo para el fin del mundo."
Cuidado con el sionismo, siempre cristófobo.









