
Matías Umpierrez, artista multidisciplinar presenta su conferencia-performance sobre los discursos de odio. En su obra aparece un cowboy, armado con dos colts, un odiador de grueso calibre que, según Matías, es el arquetipo de la violencia que inunda el mundo, y que el brillante artista identifica, reparen en la originalidad, con los militares y con el salvaje oeste. Yo mismo, cuando me encuentro con John Wayne, tiemblo de miedo.
Lo cierto es que su conclusión es que el arte nos puede salvar del odio, al menos a Umpierrez le ha salvado.
El delito de odio castiga en cómo se dicen las cosas, no en lo qué dices. De esta manera, pueden neutralizar cualquier verdad incómoda
Y a este engendro RTVE le dedica todos los honores, con una larga entrevista que no se concedería al mismísimo Vladimir Putin.
Umperrez trabaja “en la posición de estar en muchas posiciones”. Esto es definitivo, si ustedes me entienden y aunque, en un principio, y hasta en un final, les pueda parecer una sublime mentecatez, no olviden que el odio es lo que va a perder al mundo.
El odio es una cosa muy seria pero las cosas serias puerilizadas baten todos los récords del ridículo
Que los delitos de odio se han convertido en el principal instrumento de censura del Nuevo Orden Mundial (NOM) y en el mecanismo clave para imponer el pensamiento único anticristiano, ya era desgracia suficiente.
Pero que encima tenga uno que soportar esta melodramatización del odio... Oiga, el odio es una cosa muy seria pero las cosas serias puerilizadas baten todos los récords del ridículo. La belleza puede salvarnos pero las ‘performances’ anti-odio sólo salvarán la cuenta corriente de algunos.









