
Alfredo Perdiguero ha vuelto a denunciar públicamente lo que considera una persecución interna por decir “la verdad” sobre la realidad policial. El subinspector, habitual en los medios por sus análisis sobre seguridad, ha pasado por ESdiario TV para explicar su nueva suspensión de empleo y sueldo, que él atribuye directamente a sus declaraciones públicas y no a ninguna mala praxis profesional.
Pues nada señoras/es, me han suspendido otros 30 días de empleo y sueldo, saltándose la propia Policía, la Ley 4/2010 para sancionarme. Si en España el peor delincuente tiene derecho a la fase de prueba, a mí la Policía me la deniega, que demostraría que no se me puede sancionar.… https://t.co/SszlYFSxyX pic.twitter.com/0GbFoEZvxv
— Alfredo Perdiguero M. 🇪🇸 (@PerdigueroASP) June 19, 2026
“Solo por declaraciones. No por ser mal policía, ni mal jefe, ni mal compañero”, lamentó Perdiguero durante la entrevista con Luis Sordo, en la que aseguró tener el “dudoso honor” de ser el policía “más expedientado” por hablar claro.
ESdiario planteó si Perdiguero se ha convertido en un policía incómodo para el Ministerio del Interior por sus críticas públicas, especialmente en asuntos como la regularización de inmigrantes, la equiparación salarial o la consideración de Policía Nacional y Guardia Civil como profesión de riesgo.
Por ejemplo, tal como hemos recogido en Hispanidad, el subinspector denunciaba cómo "Con 110 antecedentes policiales, 22 años, marroquí, puede pedir la regularización, porque no tiene ningún antecedente penal".
Perdiguero fue claro: “Si decir verdades es ser incómodo, soy incómodo”. Y añadió una frase que resume su denuncia: “Es más fácil matar al mensajero que arreglar el mensaje”.
El subinspector defendió que en 40 años nadie ha conseguido “pesebrarle” ni hacerle callar. También aseguró que seguirá denunciando lo que considere injusto para sus compañeros, especialmente desde su papel como portavoz de una asociación policial.
Asegura que acumula 24 faltas graves y compara su caso con el de otros policías críticos, como Samuel Vázquez, para subrayar la presión que, según él, sufren quienes se salen del discurso oficial.











