Si no existieran los argentinos -los mismos que, de vez en cuando, me sacan de quicio, por ejemplo, ahora mismo, con esa pareja de Fernández y Fernández- habría que inventarlos. Si no existieran argentinos valientes, no existiría, por ejemplo la pagina web Iesvs.org, y ni yo, ni otros muchos, hubiéramos recibido este correo electrónico (ver documento adjunto), vulgo emilio. En él se recuerda la promesa realizada por Nuestra Señora de Fátima, cuando, durante sus apariciones de 1917, prometió su apoyo a la hora de la muerte a aquella alma que haya vivido los cinco primeras sábados de meses seguidos con las condiciones que aquí se relatan, pues recibirá una ‘asistencia’ especial, en ese momento radical llamado muerte.

La promesa de Fátima sigue la misma línea de casi todas las promesas cristológicas o marianas. Ahora bien, lo que ahora me interese resaltar son los‘argentinismos’, que no son otra cosa que hacer cierto lo de Chesterton, es decir, llegaremos a un momento en que tengamos que demostrar que la hierba es verde. Por ejemplo, nos recuerda que la doctrina católica sobre el aborto y sobre la paternidad consiste en que dos esposos cristianos tienen que estar dispuestos a educar a los hijos que Dios les dé, que no tienen ningún derecho a no tener hijos y que los medios absolutamente extendidos para evitarlos, como por ejemplo, la píldora, suponen un pecado grave, que todos los anticonceptivos son potencialmente abortivos, matan o pueden matar, y que también se peca incluso cuando se admiten métodos anticonceptivos naturales sin causa justificada.

Ya saben, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, Iesvs.org organiza una regata de traineras…

Hace sesenta años a nadie le hubiera extrañado que en España se oyera una advertencia de este tipo sobre recta doctrina en España, en referencia a cualquier devoción, nueva o antigua. Hoy sí es necesario escuchar a los argentinos, porque es muy posible que aquí no escuchemos las verdades primeras... jamás. Tampoco, me temo, en sacerdotes o instituciones eclesiales que antes creíamos “seguras”.

Por esto digo que si no existiera Argentina, habría que inventarla.