Soy muy consciente de que todos deseamos, con ansia, librarnos del ciudadano Pedro Sánchez. Un sentimiento patriótico muy compartido en los últimos meses. Más que nada porque la historia de siete años de Sanchismo en el poder, tras la moción de censura puede resumirse así: quien a hierro mata a hierro muere. Me dicen en Ferraz que la crítica a Sánchez ha dejado de ser racional y en parte tienen razón: el sujeto ha perpetrado tantas y tan gordas 'hazañas' que sólo cabe recordar aquello de que "a quien a hierro mata a hierro muere". Sus críticos ya no entran en pormenores: simplemente abominan del personaje.

Pero es que, en su propia bancada, también pecan de irracionalidad. María Jesús Montero aseguró, este domingo 28, que el Sanchismo es una familia, Sánchez es el paterfamilias y "cuando le atacan todos le defendemos".

Para llegar a la Moncloa, Santiago Abascal debe completar su programa político, por ejemplo en materia de derecho a la vida y a la familia natural y en defensa de la propiedad privada pequeña. No se forma gobierno con la unidad de España, que es un principio importante, pero no único

Esta familia -importante institución pero de difícil gobierno- es, además, numerosa porque son muchos aquéllos cuyo sueldo depende de que don Pedro siga en La Moncloa.

Por eso, los españoles de derechas, sobre todo el voto católico, lo que antes se llamaba -y la denominación me continúa pareciendo un poco cursi- voto en valores, se han alarmado por lo que, acertadamente, resumía ayer el diario El Mundo: resulta que el discurso del Rey de España en Naciones Unidas, del que ya hemos hablado en estas páginas, durante la reciente Asamblea General, el más lamentable de los muchos discursos lamentables de Felipe VI, en el que se declaró referencia del aborto en el mundo -lo digo en serio- sirvió para ahondar el divorcio entre la derecha española, de origen católico, y la Zarzuela, pero como el PP es tan abortero como el PSOE, el discurso también ha servido para dividir a PP y Vox: el PP se ha hecho pro-Gaza, no voy a decir por Hamas, pero Feijoó resulta de lo más maleable y evolutivo.

Un discurso pro-palestino en la ONU, escrito por Sánchez, ha bastado para que el enorme Feijóo haya decidido que hay que voleverse pro-palestino y anti-israelí dado que Su Majestad ha leído lo que el enemigo de Feijóo, el tal Sánchez, ha decido que lea: Netanyahu es un genocida, los palestinos son víctimas y los israelíes verdugos. Es decir, una simplonería, impropia, no ya de un jefe del Estado o de un jefe de Gobierno, sino de un estudiante de primero de derecho.

Las críticas a Sánchez han dejado de ser racionales, porque el sujeto ha perpetrado tantas y tan gordas 'hazañas' que sólo cabe recordar aquello de que "a quien a hierro mata a hierro muere". Sus críticos ya no entran en pormenores: simplemente abominan del personaje

Y ese discurso ha terminado, también con el acercamiento PP-Vox, que no resulta nada deseable, ha entrado en crisis inmediatamente después de nacer. Ahora bien, la ruptura de PP y Vox, poco después de nacer, no tiene por qué ser mala. Es más: para entendernos, Vox debe librarse del PP y aspirar al gobernar.

En cualquier caso, el dañino discurso de Felipe VI en Naciones Unidas ha hecho que el siempre timorato Feijóo se alinee con Sánchez en la orgía demagógica pro-palestina.

Señor Santiago Abascal: debe usted completar su programa político, por ejemplo en materia del Derecho a la vida y a la familia natural y en defensa de la propiedad privada pequeña. Convénzase de que el PP no es su aliado sino su enemigo y convénzase de que Vox no debe ser un partido bisagra sino un partido de Gobierno: recuerde a Giorgia Meloni.