Sr. Director:

Durante sus casi 27 años de poder, el régimen venezolano del difunto Hugo Chávez y, posteriormente, de Nicolás Maduro ha convertido a su país en un aliado clave de la República Islámica de Irán. Alinear la política de Caracas con la agenda global del régimen teocrático ha incluido no sólo la cooperación diplomática y estratégica, sino también permitir que Hezbolá opere con niveles de libertad operacional en Venezuela que no se observan en otros estados de la región. Este fenómeno ha sido señalado por expertos y legisladores estadounidenses como unapresencia ampliada de la organización libanesa, con redes de apoyo que van más allá de la mera simpatía ideológica.

Con Nicolás Maduro ahora encarcelado en Nueva York y la supervivencia de su régimen en la incertidumbre, Irán y Hezbolá tienen mucho que perder con un reajuste importante de la política exterior en Caracas. Para Irán y sus aliados, Venezuela representaba un valor estratégico múltiple: era un medio para evadir las sanciones occidentales; una puerta de entrada aHispanoamérica donde se podían tramar complots que afectaran a Estados Unidos e Israel; un compañero de viaje ideológico en foros internacionales; un socio en actividades económicas ilícitas; un centro de difusión de la doctrina fundamentalista iraní; y un facilitador potencial de las actividades de narcotráfico y lavado de dinero vinculadas a Hezbolá. Perder este engranaje no será el fin del aventurerismo de Irán en la región, pero sí un revés significativo para su red de proyección transcontinental.

Terrorismo y presencia operativa

En el centro de esta alianza figura la cuestión del terrorismo. El principal Estado patrocinador del terrorismo y sus aliados han encontrado en Venezuela una nación amiga que ha permitido laentrada y salida de agentes terroristas iraníes y de Hezbolá en Hispanoamérica con relativa facilidad. Algunos de estos individuos han obtenido pasaportes venezolanos, lo que les ha dado movilidad internacional amplia y sin restricciones consulares habituales. Investigaciones periodísticas y de seguridad señalan que funcionarios venezolanos, incluidos cuerpos de la administración de pasaportes, emitieron documentos oficiales auténticos a ciudadanos originarios de países como Irán, Siria y Líbano, muchos de los cuales tenían conexiones con organizaciones consideradas terroristas por gobiernos occidentales, incluidos Hezbolá y otros grupos afines.

Un denunciante venezolano y figuras de la oposición han estimado que más de 10.000 pasaportes han sido entregados a ciudadanos de Oriente Medio sin residencia efectiva en el país, muchos gestionados a través de embajadas venezolanas en regiones como Bagdad y Damasco. La facilidad otorgada por estos documentos ha convertido a Venezuela en un punto de acceso sin visado efectivo a Hispanoamérica, lo que para Irán y Hezbolá representaba un recurso invaluable para la movilidad de sus agentes, facilitadores y colaboradores en toda la región.

Además, exfuncionarios venezolanos y analistas de inteligencia han identificado estructuras concretas —como la red articulada por Ghazi Nasr Al‑Din, sancionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos por su vinculación con Hezbolá— que utilizaron su posición para otorgar visas y pasaportes, y facilitar la circulación de personas vinculadas al terrorismo.

Centro de operaciones y riesgo regional

El valor estratégico de Venezuela para Irán y Hezbolá no se limita a la movilidad de personas. Se ha señalado a Caracas como un espacio operativo donde pueden establecerse centros de logística, entrenamiento y planificación, así como rutas de financiamiento que combinan actividades ilícitas como el narcotráfico, el contrabando y el lavado de dinero. Organismos de seguridad en Estados Unidos han advertido que Venezuela fue utilizada como un punto de conexión para redes irregulares que integran finanzas criminales y apoyo a estructuras armadas del entorno de Teherán.

Cronistas e investigaciones especializadas también han documentado que esta relación permitió el desarrollo de infraestructuras para el intercambio de personal, bienes y recursos entre Caracas, Teherán y otros centros clave en el Medio Oriente. Aunque no todas las actividades criminales pueden establecerse con certeza total, los patrones de emisión de documentación oficial, las conexiones financieras y la presencia de individuos vinculados a Hezbolá sugieren la existencia de un nexo operativo que beneficia a ambas partes.

Financiación de partidos y medios en España

En paralelo, Irán y Venezuela han canalizado recursos económicos a partidos comunistas españoles, entre ellos los vinculados a Pablo Iglesias, así como a medios de comunicación afines a la izquierda radical. Estos fondos permiten sostener la actividad política y mediática, favoreciendo agendas que coinciden con los intereses de Caracas y Teherán: debilitamiento de la soberanía nacional, promoción de inmigración masiva y desarticulación de las bases culturales de Occidente. Esta interrelación no es anecdótica: combina financiación, asesoramiento ideológico y coordinación en campañas políticas y mediáticas.

Infiltración ideológica y quintacolumnismo interno

Pero la amenaza no se limita a Venezuela o a Hispanoamérica. Occidente se enfrenta a un escenario más amplio de infiltración ideológica, cultural y política. Las fuerzas islamistas, desde Hamas hasta la Hermandad Musulmana, actúan con paciencia y metodología: no buscan la confrontación directa, sino la subversión desde dentro mediante educación, medios de comunicación, organizaciones civiles y captación institucional. La intención es debilitar los fundamentos espirituales, culturales y morales de la sociedad occidental.

Existen confluencias objetivas entre fuerzas aparentemente dispares: logias masónicas hostiles a la cosmovisión judeocristiana, marxismo y fundamentalistas islámicos coinciden en su objetivo de desarticular la Civilización Occidental. En España, por ejemplo, la sintonía entre el PSOE y la Masonería es pública y nunca ha sido negada, mientras ambos interactúan con corrientes internacionales que promueven la Agenda 2030, el multiculturalismo acrítico y la inmigración masiva como herramientas de ingeniería social.

Incluso la Iglesia Católica desempeña, consciente o inconscientemente, un papel de tonto útil o colaborador necesario cuando sustituye la verdad por el consenso, la doctrina por la moda ideológica y la tradición por la aceptación acrítica de discursos extranjeros. Este tránsito del martirio a la colaboración convierte a un bastión espiritual en un instrumento de demolición interna.

El resultado es un quintacolumnismo demoledor, silencioso pero efectivo, que actúa desde dentro del propio Occidente judeocristiano grecolatino:

  • No necesita derribar templos: ha vaciado su significado.
  • No necesita censurar símbolos: ha instaurado la autocensura como virtud moral.
  • No necesita recurrir a la violencia directa: ha logrado que la sumisión se presente como virtud.

Occidente no está siendo derrotado por ejércitos externos: está siendo desarmado moralmente y culturalmente. Su propia complacencia, la corrección política y la ingenuidad convierten a quienes deberían custodiar la civilización en agentes objetivos de su demolición. La historia juzgará por los efectos, y los efectos están ya a la vista: pérdida de soberanía cultural, infiltración ideológica, debilitamiento moral y expansión de redes hostiles que operan con impunidad desde Venezuela hasta las instituciones europeas y españolas.

Conclusión

El futuro de Occidente depende de reconocer la amenaza, de defender la identidad civilizatoria, de recuperar la claridad moral y de enfrentar, sin concesiones, a quienes buscan su descomposición desde dentro y desde fuera. La alianza entre Venezuela e Irán, la infiltración de Hezbolá, la financiación de partidos comunistas y medios afines, y el quintacolumnismo interno, son síntomas de un proceso estructural que exige reacción inmediata.