Hoy celebramos la festividad del Doctor Angélico. No fui yo quien destaca a Tomás de Aquino (siglo XIII) como el hombre más listo de la historia sino James Joyce, maestro de todos los progres del planeta. El autor de Ulises y Dublineses, había comprendido que Tomás de Aquino no es el creador de la civilización occidental -eso fueron el trío Jerusalén, Atenas, Roma- pero sí el que llevó a la cumbre la idea en la que se apoya toda nuestro mundo occidental, hoy puesto en solfa en sus cimientos, tanto en Oriente como en el propio Occidente: las cosas son lo que son y no lo que yo creo que son. El centro del universo es el Creador no la creatura, etc, etc, etc... 

Tomás de Aquino

 

Hubo eruditos, gente sabia, en serio, que luego definieron el universo tomista como "realismo filosófico", enfrentado al veneno de la filosofía idealista, que no nace con Kant sibo que se remonta al muy católico Descartes, inicio del estropicio mental actual, cuando exhaló aquella tontuna del pienso luego existo, cuando debía haber concluido justo lo contrario: existo, luego piensa.

El segundo principio que convierte al Aquinate en maestro de maestros, en el más listo, no de la clase, sino de la historia, es su refutación del maniqueísmo: el mal no existe, no tiene entidad, sólo existe el bien... y el mal no es sino la ausencia del bien.

Piénsenlo un poco y llegarán a la conclusión de que esta es la raíz de la alegre creatividad occidental frente al aburrido quietismo oriental.

Esas dos ideas alumbraron la filosofía occidental, la cultura occidental, la civilización occidental. 

Por cierto, rechacen la imagen del doctor Angélico como un tipo muy sabio pero un coñazo insufrible. El bueno de Tomasín era un cachondo de mucho cuidado, un hombre jovial, un juglar de Dios. A lo mejor... porque era el tipo más inteligente que haya podido existir.