Sr. Director: 

Una conocida alegoría utilizada para alertarnos sobre graves imposiciones sociales nos enseña que, para cocer una rana viva, no hay que meterla en una cazuela con el agua ya hirviendo, porque reaccionaría saltando fuera, sino que habrá que introducirla en agua fría y luego ir calentándola hasta llegar a un punto en que la rana carezca de fuerzas para saltar y escapar. Este cuentecillo guarda similitud con la teoría de la ventana de Overton, que también explica los pasos graduales que han de darse previamente en una sociedad para introducir algo contrario a los valores imperantes en ese momento y que, de presentarse directamente en toda su crudeza, sería frontalmente rechazado. Por eso, al igual que en el caso de la rana, también se necesita ir calentando poco a poco el clima de aceptación social mediante propuestas y argumentos más suaves, e ir subiendo en intensidad hasta el grado en que la propuesta final suene «normalizada». 

Sólo admitiendo el triunfo en nuestras sociedades de ambas técnicas de manipulación, se explica que Occidente haya aceptado que el mero deseo individual pueda constituirse en fundamento exclusivo y excluyente para determinar la identidad sexual al margen de la realidad biológica; que mutilar gravemente a menores de edad signifique cambiar su sexo y su cerebro; o que matar en el seno materno a los hijos concebidos sea un nuevo derecho a la salud. Y sobre todo, que estas cosas sean ejemplos de avance y progreso para la humanidad.