Esta vez sí me gustado la crónica de Vatican News sobre la audiencia del Papa León XIV, el movimiento neocatecumenal fundado en la España de los años sesenta, por Kiko Argüello y Carmen Hernández: una crónica completa y concisa. 

A los católicos amargados no les gustan los kikos porque son muy vocingleros, pero eso no deja de ser una cuestión formal. Es a los cristianos progres a quienes no les gustan nada, lo que se dice nada, los kikos porque son ortodoxos y triunfan donde ellos fracasan: en la coherencia de vida y en la evangelización universal.

Quizás porque los kikos pretenden cambiar el mundo, no cambiar a la jerarquía. Y predican con el ejemplo: la confianza que Kiko Argüello inoculó en el movimientos ha dado a luz a 20.000 comunidades, generalmente familias, con unos padres héroes que tienen muchos hijos, y que desde el grupo familia, en los lugares más remotos del a tierra, enseñan a la gente a amar a Cristo... y ya se sabe que cuando se vive la caridad todo lo demás viene por sí sólo. Caridad... con un poquito de humildad.

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En resumen, el Pontífice aplaude a los kikos, que de eso no quepa duda. Eso sí, les lanza una advertencia que también pudiera lanzar a todos y cada uno de los movimientos laicales surgidos en la Iglesia durante la era moderna, quizás el fenómeno más singular y elogiable del catolicismo durante el siglo XX. La advertencia es esta: "Los carismas deben estar siempre al servicio del Reino de Dios y de la única Iglesia de Cristo, donde ningún don de Dios es más importante que otro, excepto la caridad"... con un poquito de humildad.

Pero no deja ser un pero entre una decena de aplausos a la obra de Kiko Argüello.