Lux Tour. Así se llama el espectáculo que la bailante (bailarina y cantante) Rosalía ha protagonizado en Madrid. Una cascada de elogios ha caído sobre la diva, que nadie se atreva a criticarle ni tan siquiera alegando que la reina va desnuda. Bueno, en el presente caso, esto no sería un insulto, sería una descripción.
Escuchemos al pueblo. Una seguidora de Rosalía resume el Lux Tour, ojo al dato: "La luz, la estrella, esas cosas y tal".
La televisión que lo retransmite, de derechas de toda la vida, no se crean, canta las excelencias de la artista, mientras dos personajes de voz aflautada, vestidos de monja para la ocasión, nos hablan, no ya de espectáculo de luz, sino de iluminación.
Los medios jalean a estos mentecatos y les colocan el micrófono como se lo habrían acercado a don Albert Einstein: como si fueran dechados de sabiduría, en lugar de dos cretinos faltones que, junto a otros faltones cretinizados, han convertido en canonizable a la cantante más vulgar que recuerdo.
Es la misma bailante a la que algunos jerarcas eclesiásticos, deseosos de congraciarse con la modernidad, calificaban como un resurgir de la espiritualidad cristiana en España. De la espiritualidad no lo sé, pero lo que es del cristianismo...
¿No estaremos cayendo en el paganismo?
Viene todo esto a cuento de que nada hay más blasfemo que el paganismo, que implica una ridiculización de Dios, casi siempre de la redención divina del hombre, de su muerte en cruz para salvación del hombre.
El espectáculo de Rosalía, insisto, vulgar, muy vulgar, y la deificación, o al menos de la consideración de esta pobre chica estúpida como la nueva profetisa de la novísima espiritualidad bobochorras, me recuerda a los ilustrados que se presentaban a sí mismos como la luz cegadora que acabaría con las tinieblas del oscurantismo medieval. Y hasta había muchos ilustrados que confundían la poderosa luz de la razón con una bombilla de 60W.
Miren ustedes, lo de Rosalía es un show bastante vulgar y ordinario. No es iluminación. Simplemente es un producto comercial para gente de gustos ordinarios, con una música que más parece ruido y un baile que más semeja movimientos espasmódicos.
Una buena voz, eso sí... utilizada en un espectáculo para quienes acostumbran a comer con los dedos.
Y si se quedara ahí, no me importaría, pero encima colocar a Rosalía como la nueva espiritualidad, encima cristiana porque la señora, habitualmente medio desnuda, cuando intenta iluminar a los gentiles, se viste con un hábito de monja, y alguna autoridad eclesiástica, más lista que Lepe, Lepijo y su hijo, concluye que Rosalía encabeza el nuevo resurgir de la espiritualidad cristiana, O así, que dijo un vasco.
Los católicos tenemos que ser buenos, incluso mártires, incluso santos, pero no idiotas y no confundir el éxtasis con la blasfemia. Puro paganismo.










