La técnica de Schopenhauer para burlarse de Hegel consistía en hacer una caricatura de lo que decía Hegel y luego criticar la caricatura, tarea más bien sencilla.

Ursula von der Leyen, dos siglos después, imita a su compatriota el depresivo y, con tal de molestar a Trump, que le humilló en Escocia aprovechando su ignorancia, ha decidido devolverle la pelota en la portería equivocada. 

Señora: lo que usted quería, supuestamente, decir era que lo que se opone a los aranceles es el librecambismo, no el comercio justo. Cuando Donald Trump lanza su programa arancelario no está lanzando el comercio injusto sino promocionando el nacionalismo económico y abjurando del librecambismo, que ha provocado tantos abusos de los ricos sobre los pobres.

Eso por no hablar de las subvenciones de su Política Agraria Común (PAC), que subvenciona la agricultura europea, algo que no pueden hacer los países pobres con sus agricultores.

Como en Europa somos muy democráticos, la presidenta de la Comisión firma un acuerdo fundamental de libre comercio, sin que lo haya aprobado el Parlamento

No pocas veces el librecambismo, el suyo, doña Úrsula, no es más que meter la zorra en el gallinero. 

Y en sentido contrario: la estupidez ecologista impone trabas burocráticas, a las que alude esta agricultora a los campesinos europeos. 

 

 

Su planteamiento un tanto simple, señora Von der Leyen. No me extraña que ahroa los agricultores es de toda Europa programen tractoradas en Estrasburgo.