Sr. Director:
Dentro de unos días tendrá lugar, si Dios no lo impide, la votación de Ausburgo.
Recientemente el Papa León recibió al nuncio apostólico en Alemania, Mons. Eterovic, en un encuentro en el que se trató acerca de la actual situación de la Iglesia en Alemania y por la inminente votación de los Estatutos de una Conferencia Sinodal permanente en ese país. Este organismo reuniría no sólo a los obispos, sino también a los laicos, a quienes se les otorgaría poder decisorio equiparable al de los obispos, permitiría cambios doctrinales por mayoría y situaría las finanzas eclesiásticas bajo control compartido.
La asamblea plenaria de la CEA se reunirá antes de finalizar enero de 2026 en Ausburgo. En noviembre de 2024, en Fulda, obispos y representantes laicos aprobaron por unanimidad los Estatutos para este nuevo órgano sinodal alemán.
La Conferencia Sinodal estaría compuesta por obispos, representantes del comité central de los católicos alemanes y otros fieles laicos, y además asumiría la gestión de los recursos financieros de la extraordinariamente rica Iglesia alemana.
En el año 2019, la Santa Sede ya advirtió que tales materias exceden las competencias de cualquier Iglesia local.
Asuntos como la ordenación de mujeres, la separación de poderes entre laicado y clero y el celibato de los sacerdotes no conciernen a la Iglesia en Alemania, sino a toda la Iglesia Universal.
Pese a las reiteradas advertencias de la Santa Sede, los obispos alemanes han seguido adelante, liderados por el cardenal Marx y su sucesor al frente de la conferencia episcopal, el obispo Batzing. Incluso han llegado a plantear la ordenación diaconal de algunas mujeres.
Marx es el principal arquitecto del proceso sinodal alemán y ha mantenido su liderazgo incluso tras ser sustituido al frente de la conferencia episcopal alemana. Lo que no entiendo es cómo este cardenal continúa siendo cardenal.
En el año 2021, el amado Benedicto XVI se dirigió personalmente a su sucesor como arzobispo de Munich y Frisinga para expresarle su gran preocupación por la deriva que había tomado el llamado proceso sinodal en Alemania. En sus últimos años, el Papa Benedicto se mostró muy escéptico respecto a la dirección tomada por la Iglesia alemana, porque estaba convencido de que ese camino "hará daño y acabará mal si no se detiene a tiempo". Marx hizo caso omiso al Papa Emérito, quien pocos meses después fue duramente desacreditado en su país natal a raíz de un informe de presuntos abusos encargado por la archidiócesis de Munich.
Nuestro Santo Padre el Papa León ha tenido que tomar cartas en el asunto y puede intervenir, si lo cree necesario, a fin de que las heterodoxas iniciativas alemanas no desemboquen en un cisma dentro de la Iglesia Católica.
El cardenal M. Grech ha presentado un informe que establece que corresponde siempre al Obispo de Roma suspender, si procede, el proceso sinodal alemán. Durante el encuentro entre el Nuncio y el Santo Padre, el primero habló al Papa sobre su renuncia al cargo al cumplir el nuncio los 75 años de edad. Finalmente, la decisión corresponde al Papa, pero quienes conocen al nuncio aseguran que ha sufrido mucho por la situación de los últimos años en Alemania y preferiría que su renuncia fuera aceptada.
Mons. Eterovic, testigo directo del proceso de lo que el cardenal Müller ha definido como "protestantización" de la Iglesia Católica en Alemania, podría así poner fin a su misión diplomática en uno de los momentos más críticos para la unidad de la Iglesia de Cristo.
También el Papa Francisco escribió una carta abierta a los obispos alemanes para indicarles que las decisiones que tenían previsto tomar no corresponden a una Iglesia diocesana ni nacional, sino al conjunto de toda la Iglesia Católica presidida por el Sucesor de Pedro.
Recordemos que el Concilio Vaticano II afirmó que la Iglesia que Jesucristo fundó subsiste en la Iglesia Católica, gobernada por el Sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él. Sin obediencia al Papa ni comunión con todo el Cuerpo Eclesial, nadie puede considerarse fiel cristiano católico.
Roguemos a Dios insistentemente para que desbarate los planes de los que pretenden destruir a la Iglesia Católica, columna y fundamento de la verdad.
El Papa y sus hombres de confianza deben hacer todo lo posible para que todas las Iglesias locales se mantengan en la unidad de la misma fe, la misma caridad y la misma esperanza. Sería muy doloroso que los miembros de la Iglesia en Alemania dejaran de pertenecer a la Iglesia Católica. Pero, a grandes males, grandes remedios.
Recemos por todo el cuerpo de la Iglesia, por sus fieles y pastores, por el Papa León, por los señores cardenales, por la gente sencilla que quiere vivir de acuerdo con el Evangelio de Cristo tal y como lo enseña la Santa Iglesia de Dios.
Necesitamos unidad en lo doctrinal, en lo litúrgico, en la pastoral, en el derecho eclesiástico, en la misión que Jesús nos encomendó.
Que intercedan por todos la Santa Madre de Dios, su esposo san José y todos los santos y santas del cielo.










