La reunión del miércoles 14 por la tarde, en Washington, entre Dinamarca, propietaria de Groenlandia, y Estados Unidos acabó sin acuerdo y Donald Trump, el estilo es el hombre, volvió a amenazar con tomarla por la fuerza. 

Veamos: Europa debe estarle muy agradecida a Estados Unidos porque durante la II guerra Mundial peleó con ella frente a la Alemania nazi y a partir de 1945 le apoyó frente a la Rusia soviética. 

Estados Unidos debería estarle agradecido a Europa porque, desde el final de la II Guerra Mundial, Europa ha sido el campo de batalla contra el comunismo mientras en Estados Unidos se mantenía en una retaguardia de lo más calentito. 

Groenlandia tampoco es tanto problema. Como siempre, Donald Trump tiene razón en el fondo pero le pierden las formas tabernarias que exhibe. Groenlandia separa el este del oeste por el norte. Ahora bien, lo lógico sería que Washington actuará dentro del tratado OTAN, de defensa conjunta, en lugar de arrebatarle a un aliado su propiedad. Eso se llama robo. 

Recuerden las palabras de Trump: europeos, "si un caza ruso invade Polonia, derríbenlo". Ahora, Bruselas debe decirle lo mismo a Trump: enviaremos tropas europeas a Groenlandia para defenderla de usted ¡Y si es caso, provocaremos una batalla entre los países de la OTAN!

 ¿Se rompería Occidente? Probablemente, pero el problema del chantaje es que se reproduce a sí mismo. Y el problema de Europa es su degeneración, que le hace incapaz hasta de defenderse por sí sola. El problema actual del Viejo Continente es que no hay muchos europeos dispuestos a arriesgar su vida, no ya por la Unión europea, que eso lo entiendo, sino por Europa. Para ser exactos, no hay muchos europeos dispuestos a arriesgar su vida... ¡por absolutamente nada!

Por lo demás, Groenlandia en un bastión de la OTAN. Es lo mismo que ocurre en España: si Sánchez repudia la política de Trump, que cierre las bases norteamericanas de Morón y Rota, como le pide Podemos.