Sr. Director: 

Con sencillez fraternal ha respondido Monseñor Jesús a las acusaciones incómodas de algunos eclesiásticos que lo han acusado por ignorancia y maldad de: fundamentalista fascista incoherente con el evangelio de la fraternidad y solidaridad con los más pobres, acusaciones que ocultan una opción política claramente reaccionaria y sectaria. 

Monseñor Jesús siempre tiene una palabra cristiana cuando se producen graves acontecimientos: Dana, incendios, grave accidente ferroviario en el que han perecido 47 personas… No se sirve de los eslóganes políticos, sino de la esencia del mensaje cristiano que son las bienaventuranzas. Fui forastero y me hospedasteis. En su réplica a sus farsantes acusadores ha vuelto a exponer la postura real de la Iglesia de Asturias ante el problema de inmigración: los inmigrantes son acogidos con agradecimiento y son una bendición para nosotros. De hecho, la Iglesia en Asturias los acompaña poniendo en juego cuanto está de nuestra mano. No solamente nos llegan familias, sino seminaristas y sacerdotes que han llamado a nuestra puerta viniendo de lugares donde no hay libertad, o la dignidad se pisotea y se pinta de negro el horizonte de la esperanza como sucede en Nicaragua, en la incertidumbre de Venezuela o en las dictaduras del mismo color ideológico en todo el universo. Supuesto esos hechos, reconoce que un país, una región y un hogar, no son espacios que puedan dilatarse infinitamente. Caben cuanto más mejor, aunque sea a costa de estrecharse. Es decir, la emigración debe ser legal y reglada y no basarse en un efecto llamada por motivos políticos y electorales. No se pueden aceptar sin más a todos los que vienen porque ciertas minorías llegan con delitos de sangre, intenciones terroristas o negocios perversos en forma de tráficos de personas Ciertas minorías no pueden colarse.

Monseñor Sanz sostiene que a los inmigrantes que vienen desde sus hambrunas varias, sus carencias materiales, sus anhelos de libertad... hemos de abrirles generosamente nuestras fronteras, pero no como una medida populista y demagógica que termina siendo dañina, amén de encubrir otros intereses de ganancia política.

Respondiendo a sus críticos eclesiásticos afirma: puede que haya algunos que no acepten estas posturas y utilizan sus plumillas mediáticas al dictado y sus disidencias eclesiales conocidas para expresa de modo  desproporcionado un ataque despiadado hacia quien piensa distinto y lo expresamos con respeto señalando las trampas y las demagogias. Produce perplejidad verte señalado con una crítica por lo que no has dicho cuando sesgadamente se interpretan mal tus palabras. Merecen respeto que en ellos no ofrecen y la piedad con la que nunca tratan a los que legítimamente pensamos de otra manera y a nuestra manera los expresamos. No es tristeza ni abatimiento lo que generan, son lástima cristiana y paciencia franciscana.