Pueden leerlo en el diario digital oficial del Vaticano: Vatican News, bajo el título de Restricciones a las celebraciones de la Semana Santa.   

 

 

Tierra Santa

 

Lo cierto es que, con la excusa -sí, excusa- de la guerra de Irán y aunque los franciscanos permanezcan dentro, la Iglesia del Santo Sepulcro, el primer templo de la Cristiandad, constituida sobre el monte Calvario, donde algunos místicos aseguran que está enterrado Adán, permanece cerrada al público y es muy posible que no se celebren los oficios de Jueves Santo. 

No habrá Semana Santa en la ciudad Santa de Jerusalén. La pandemia de 2020 constituyó un ensayo global para eliminar el culto a Dios en todo el planeta, por razones de salud. Ahora será por razones de seguridad, las dos armas favoritas del Infierno

En resumen, no habrá Semana Santa en la ciudad Santa de Jerusalén. La pandemia de 2020 constituyó un ensayo global para eliminar el culto a Dios en todo el planeta, por razones de salud. Ahora cerramos la Iglesia del Santo Sepulcro por razones de seguridad, las dos armas favoritas de Infierno. Recuerden: todas la tiranías del futuro próximo tendrán como excusa la salud o la seguridad. En el fondo es lo mismo: es el miedo del hombre a la muerte. Y supone una constante histórica que las sociedades que menos aman la vida más miedo tienen a la muerte, porque la vida se ha convertido en mera supervivencia, cuando no en un sálvese quien pueda.

En tiempos difíciles no es cuando hay que cerrar las iglesias, es cuando hay que abrirlas, 24 horas al día, 365 días por año. Y a los cristianos nos toca defender al Santísimo que mora en ellas... sin temor a perder la salud ni la seguridad: la vida está en manos de Dios 

El Santo Sepulcro no debe cerrarse nunca. Asisten muchos peregrinos pero no es un lugar turístico. Además: el Santo Sepulcro está expuesto a los drones iraníes, haya gente dentro o no. 

En tiempos difíciles no es cuando hay que cerrar las iglesias, es cuando hay que abrirlas 24 horas al día, 365 días por año. Y a los cristianos nos toca defender, si es caso con la vida, al Santísimo que mora en ellas... sin temor a perder la salud ni la seguridad: la vida está en manos de Dios.