El Papa León XIV ha convocado un consistorio universal en Roma, días 7 y 8 de enero, aún en Navidad -que termina este domingo- y tras cerrar el Año Santo 2025. 

El Papa les ha dicho a los señores cardenales que no viene a ordenar sino a escuchar. Y entonces los señores cardenales allí reunidos han elegido dos asuntos a tratar: sinodalidad y misión. 

Pues me da que mal empezamos. Lo de la misión es una tautología y como toda obviedad puede esconder cualquier cosa, buena o mala. Podrían habernos dicho cómo hay que evangelizar. Por ejemplo, si se debe dar más importancia a los sacramentos, mismamente a la penitencia y a la Eucaristía, o si se trata de volver a misionar, dónde y cómo hacerlo. 

Pero lo de 'misión' no deja de ser una obviedad y una de las muestra más actuales de tontuna colectiva en el siglo XXI, tontuna que consiste en solemnizar lo obvio. 

Lo de democratizar la Iglesia -sinodalidad- es aún peor: se trata de una contradicción 'in terminis'. El Sínodo de la sinodalidad sinodalizada, que ya lleva un bienio paralizando a la Iglesia, se resume en una democratización del Cuerpo Místico. Pero es que, verán, la Iglesia, ese cuerpo místico, no puede ni debe democratizarse porque no es una democracia, porque su cabeza es Cristo, y entre Dios y el hombre aún hay un distingo: que Dios es creador y el hombre es creatura. Elevado a la dignidad de hijo de Dios, ciertamente, pero salido de la nada.

Supongo qué después de dos años perdidos con la tontuna de la sinodalidad, deben justificarse de algún modo, pero yo aconsejaría, en mi poquedad, a sus ilustrísimas que concluyeran de esta guisa: carpetazo a la sinodalidad y re-sacralización de la vida sacramental... principal misión de la Iglesia.