Sr. Director:
En nuestro tiempo, atravesado por una creciente secularización, que se traduce en que muchas personas viven como si Dios no existiera, pienso es importante tener en cuenta que urge presentar el testimonio radical, desde la raíz del Evangelio, de tantos que han entregado y entregan a diario su vida por Cristo.
Es necesario promover recorridos de educación en la no violencia, iniciativas de mediación en los conflictos y proyectos de acogida que transformen la desconfianza en oportunidad de encuentro. En esa nueva situación comprobaremos que la paz no es una utopía espiritual, sino una vía humilde, hecha de gestos cotidianos, que entrelaza paciencia y valentía, escucha y acción. De esta manera, nuestra humilde aportación, con el rostro de los pobres siempre presente, irá consiguiendo convertir el desierto en un jardín y propiciando que la ciudad de Dios transfigure los lugares desolados.









