Sr. Director:
Se preguntan algunos por qué tantos clérigos anglicanos piden ser recibidos en la Iglesia Católica.
Un informe del profesor Bullivant y otros muestra que alrededor de un tercio de todos los sacerdotes católicos ordenados entre 1992 y 2024 habían sido anteriormente sacerdotes anglicanos. El fenómeno se está dando en Inglaterra, Gales, Escocia, Estados Unidos, Canadá, etc.
A los anglicanos se les enseñó que su Iglesia no les exigía creer nada que no creyeran la Iglesia de los Credos y los Padres. El apetito anglicano por la innovación doctrinal, moral y pastoral en las últimas décadas ha suscitado serias dudas sobre la fe en la que creen los anglicanos.
El Papa Pablo VI y el arzobispo M. Ramsey dialogaron y la cosa pareció positiva. Se llegó a acuerdos sobre la Eucaristía y el sacerdocio ministerial, sobre cuestiones de autoridad en la Iglesia, sobre el papel de la Virgen María en la historia de la salvación e incluso sobre cuestiones morales apremiantes como la naturaleza del matrimonio y la familia, el crimen del aborto y otras cuestiones de tipo moral.
Sin embargo, pronto apareció la novedosa doctrina de la autonomía provincial. La decisión de ordenar mujeres al sacerdocio por parte de algunas provincias fue seguida inevitablemente por su ordenación al episcopado. Además de estas innovaciones se han sumado otras relacionadas con la identidad de género, el sacerdocio, el lenguaje sobre Dios, la disciplina sacramental y otros asuntos.
Las Iglesias ortodoxas y las antiguas Iglesias orientales han conservado la Tradición Apostólica a lo largo de los siglos y ante los graves desafíos actuales. Pero hay algunos factores importantes que apuntan a la necesidad de una plena comunión con la Iglesia Católica.
¿Dónde podremos encontrar la Gran Tradición que se transmite de generación en generación, de cultura en cultura y en todo el mundo? La diversidad étnica y cultural debe tomarse en serio, no puede definir a la Iglesia, cuya universalidad debe ser clara y firme.
¿Quién decide qué significan y cómo se interpretan correctamente la Sagrada Escritura y la Tradición Eclesial? La respuesta es el Magisterio de la Iglesia Católica. Pero nuestros hermanos anglicanos y otros no lo perciben así.
La Iglesia Católica está dispuesta a estudiar no sólo la herencia común que hay o hubo entre católicos y anglicanos, sino también los elementos que se desarrollaron durante el tiempo de la separación. El método teológico anglicano es inductivo, bíblico, patrístico e histórico y puede servir como un complemento útil ante enfoques más filosóficos, escolásticos y alegóricos. Incluso el Papa Benedicto XVI, en Anglicanorum Coetibus, de 4 de noviembre de 2009, dispuso que se han de dar ciertas condiciones para que los anglicanos entren en una comunión más plena con la Iglesia Católica.
El movimiento de los anglicanos hacia la Iglesia Católica en Inglaterra y Gales es providencial para fortalecer la identidad de la Iglesia Católica como genuinamente arraigada en la cultura y la historia de los pueblos. Con la llegada de las Iglesias católicas orientales a Occidente, nos estamos acostumbrando a la gran diversidad de la Iglesia universal. Dados los recientes acontecimientos de la Iglesia de Inglaterra y la Comunión Anglicana, muchos clérigos y laicos se sienten perplejos. Por eso creemos que el movimiento hacia la Iglesia Católica continuará dándose.
Esto no significa que la Iglesia Católica vaya a modificar o cambiar la doctrina, la liturgia, el culto, la pastoral, la aplicación del derecho canónico, etc., pero a la vista está que ya muchos miembros de la Iglesia anglicana perciben que su Iglesia se ha salido de madre, y quizá por ello busquen la autenticidad y la unidad en la verdad y en el amor que hace tiempo reinó en todo el cuerpo eclesial.
Debemos orar con fe y trabajar con mayor empeño para que todos los bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo formemos un solo cuerpo y un solo espíritu, reconociendo que en la Iglesia Católica, gobernada por el Sucesor de Pedro y por los obispos que están en comunión con él, subsiste real y verdaderamente la única Iglesia de Jesucristo, una, santa, católica y apostólica (Cfr. L.G., 8). Fuera de la estructura visible de esta Iglesia se hallan muchos elementos de santificación y de verdad que, como dones propios de la Iglesia de Cristo, tienden hacia la unidad católica.
Que todos seamos uno para que el mundo crea que Jesucristo es el enviado del Padre, su único Hijo, el único Salvador del hombre y del mundo, el ungido por el Espíritu Santo, el que vino, viene y vendrá. Él, Jesucristo, está presente en su Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Supliquemos la intercesión de la Santísima Virgen María, Reina de los cristianos y Reina de la unidad. Dios tiene sus tiempos y nosotros hemos de respetarlos.










