Sr. Director:
Las llamadas brechas de género y el mito del poder masculino distorsionan la realidad: las mujeres disfrutan de mayores privilegios y oportunidades, mientras los problemas de los hombres se invisibilizan.
Cada 8 de marzo se celebra internacionalmente el Día de la Mujer, evocando la lucha histórica por los derechos femeninos. Sin embargo, detrás de esta conmemoración se ha construido un discurso contemporáneo que mezcla historia, ideología y propaganda, muchas veces alejándose de la realidad objetiva. El presente artículo analiza críticamente la evolución del feminismo, su base histórica, sus influencias teóricas, y el impacto que sus interpretaciones y legislaciones actuales tienen sobre hombres y mujeres en España y Occidente.
Sufragio femenino: historia y contexto
La primera y fundamental reivindicación de las sufragistas fue el derecho al voto, coincidiendo con la expansión de las democracias representativas y la revolución industrial. Es importante subrayar que el sufragio universal masculino no precedió automáticamente al femenino; ambos se consolidaron casi en paralelo en Occidente, impulsados generalmente por sectores de derecha social y liberal, mientras que la izquierda, incluyendo mujeres, se mostró a menudoreticente o antisufragista por motivos políticos.
En España, figuras como Clara Campoamor lucharon por el sufragio femenino, enfrentándose a la oposición de mujeres como Victoria Kent y Margarita Nelken, quienes, desde la izquierda, consideraban que las mujeres votarían conservadoramente bajo la influencia de la Iglesia. El triunfo del voto femenino en 1931 fue, en consecuencia, apoyado en gran medida por sectores de derecha y minorías de izquierda, una paradoja que suele ocultarse en la narrativa feminista contemporánea.
Influencias teóricas y construcción ideológica
El feminismo hegemónico actual se inspira en textos clave:
- Frederick Engels, El origen de la familia, la propiedad y el Estado (1884), que interpreta la historia humana como una sucesión de opresiones patriarcales.
- Valerie Solanas, SCUM Manifesto (1967), que propone la abolición del sexo masculino. Aunque algunos historiadores consideran marginal la influencia de Solanas, otros observan su impacto en la retórica radical del feminismo contemporáneo.
Estas obras han sido reinterpretadas, y a menudo distorsionadas, para presentar a los hombres como responsables absolutos de los males históricos y a las mujeres como víctimas perpetuas y moralmente superiores, ignorando las complejidades sociales, económicas y políticas.
Las falacias de las “brechas de género”
El discurso feminista contemporáneo ha institucionalizado el concepto de brecha de género: salarial, de representación política o de acceso a posiciones de poder. Sin embargo, un análisis objetivo muestra:
- Las mujeres en España y Occidente controlan más del 80% de los ingresos familiares, constituyen la mayoría en la educación universitaria y tienen una esperanza de vida superior a la de los hombres.
- La participación política femenina supera el 55% del electorado, asegurando influencia decisiva.
- Las diferencias salariales reflejan elecciones profesionales y sectoriales, no discriminación sistemática.
Mientras tanto, la narrativa de victimización invisibiliza los problemas masculinos, incluyendo mortalidad laboral, depresión, suicidio, y enfermedades relacionadas con el rol de proveedor.
El mito del poder masculino
Según Warren Farrell (The Myth of Male Power, 1993):
- El poder masculino tradicional se define como obligación de ganar dinero, asumir riesgos y sacrificios físicos, no como control sobre la vida propia.
- La liberación de las mujeres ha sido facilitada por hombres que trabajaron en exceso, mientras ellos no se liberaron de sus propios roles tradicionales, generando un desequilibrio histórico.
- La sociedad contemporánea resalta el lado brillante de las mujeres y oculta el de los hombres, reforzando la idea de un patriarcado absoluto que no refleja la realidad histórica ni estadística.
Legislación actual y consecuencias sociales
El marco legal contemporáneo en España refleja esta narrativa sesgada:
- Ley Integral contra la Violencia de Género (LIVG): privilegia la presunción de culpabilidad masculina y no contempla la violencia femenina o la victimización de hombres.
- Políticas de cuotas y discriminación positiva: justificadas en la supuesta brecha histórica, perpetúan la idea de que los hombres deben pagar “deudas históricas” mientras se ocultan sus problemas.
Estas políticas consolidan un desequilibrio social que contrasta con la igualdad legal formal alcanzada en otras épocas y con la realidad objetiva de oportunidades, salud y poder social.
Síntesis y reflexión final
- El sufragio universal, masculino y femenino, surgió casi en paralelo gracias a democratizaciones y luchas individuales, y no por imposición ideológica.
- Figuras históricas femeninas antisufragistas muestran que la narrativa de victimización femenina absoluta es parcial y selectiva.
- El feminismo contemporáneo se basa en relecturas ideológicas de Engels y Solanas, que acentúan la culpa histórica masculina y glorifican la moral femenina.
- Las llamadas brechas de género y el mito del poder masculino distorsionan la realidad: las mujeres disfrutan de mayores privilegios y oportunidades, mientras los problemas de los hombres se invisibilizan.
- La legislación y políticas públicas actuales refuerzan estas percepciones, favoreciendo la ideología sobre el análisis objetivo y perpetuando desigualdades reales de protección y derechos entre sexos.
En conclusión, celebrar el 8 de marzo no puede reducirse a la repetición de consignas ideológicas. Requiere reconocer la historia con rigor, valorar las contribuciones y derechos de hombres y mujeres, y cuestionar las narrativas que, bajo el disfraz de justicia social, perpetúan nuevas formas de discriminación y distorsión de la realidad.










