
Según la Conferencia del Episcopado Mexicano, más de 200 mil mártires entregaron sus vidas defendiendo su fe: niños, jóvenes, ancianos, campesinos, obreros, sacerdotes, religiosos, laicos
Sr. Director:
Hace cien años, en 1926, entró en vigor la ley sobre delitos y faltas en materia de culto religioso y disciplina externa, en México, ley promulgada por el entonces presidente Plutarco Elías Calles.
El 31 de julio de 1926, al entrar en vigor dicha ley, los obispos mexicanos decidieron suspender el culto público. Sin embargo, en distintos lugares del país se levantaron valientes católicos contra el gobierno federal y en defensa de su fe católica. Es lo que se conoce como Cristiada o Guerra Cristera.
Ya en 1917, la Constitución de México supuso uno de los precedentes más graves en lo que se refiere a la persecución contra la Iglesia y contra los católicos mexicanos.
Se dice que, formalmente, la guerra cristera culminó el 21 de junio de 1929, aunque la persecución y los asesinatos contra los católicos continuaron durante varios años más.
Según la Conferencia del Episcopado Mexicano, más de 200 mil mártires entregaron sus vidas defendiendo su fe: niños, jóvenes, ancianos, campesinos, obreros, sacerdotes, religiosos, laicos. Entre los mártires destaca San José Sánchez del Río, asesinado a los 14 años; el beato Anacleto González Flores, patrón del laicado mexicano y el beato P. Miguel Agustín Pro.
No fue hasta 1992, con una reforma constitucional y la entrada en vigor de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, cuando las autoridades mexicanas reconocieron la personalidad jurídica de la Iglesia Católica en México.
Con motivo del centenario del inicio de la Cristiada, la ciudad de Cancún (México) será sede del Primer Congreso Cristero. Las celebraciones tendrán lugar en la iglesia de San José Luis Sánchez del Río, en Cancún. Intervendrán los sacerdotes Juan Razo García y Javier Olivera Ravasi, así como Uriel Esqueda, líder de la plataforma Actívate.
El evento cuenta con el aval y la participación de Mons. Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, administrador apostólico de la diócesis de Cancún-Chetumal, el cual ha manifestado que la fe católica era parte activa del ser, de la vida, de la entraña, de la tradición, de las familias de los cristeros. Para ellos se trataba de algo de vida o muerte, era algo vital, algo más que pura teoría.
El 14 de noviembre de 1920 ocurrió un atentado en la antigua basílica de Guadalupe que tenía como objetivo destruir la imagen de la Virgen Guadalupana.
La presión anticlerical se intensificó con la elección de Plutarco E. Calles como presidente del país.
En 1925, con el apoyo de la confederación regional obrera mexicana, se creó la Iglesia Católica Apostólica Mexicana para romper con Roma.
En realidad, los instrumentos de los que se sirvieron los diferentes gobiernos obligaban a la Iglesia a someterse en todo al Estado, se prohibió la existencia de comunidades religiosas, se limitó el culto al interior de los templos, se llegó a establecer leyes que obligaban a los ministros del culto a ser personas casadas, se prohibió oficiar a los sacerdotes extranjeros, entre otras medidas.
La economía del país se vino abajo y la postura de los católicos mexicanos fue coherente con la defensa de su fe y la petición de libertad para la Iglesia, la cual no debía estar obligada en ningún caso a obedecer las arbitrarias leyes de los gobiernos mexicanos.
Fue creciendo un movimiento al interior de la Iglesia que creyó viable una salida militar al conflicto, al grito de ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe! El ejército cristero estuvo compuesto básicamente por peones y aparceros rurales dirigidos por algunos veteranos revolucionarios y algunos sacerdotes.
En enero de 1927 comenzó el alzamiento civil y días después apareció un referéndum que, a partir de entonces, no les dejó más remedio que la guerra.
También las mujeres desempeñaron un papel importante dentro del ejército cristero. Ellas fueron las primeras guerrilleras y las más entusiastas a la hora del conflicto. Se destacan más de 25.000 de las llamadas Brigadas Femeninas, dedicadas a apoyar la rebelión.
Al llegar a la presidencia de la república Emilio Portes Gil comenzó una larga negociación en la que participó como mediador el embajador estadounidense D. Morrow. La Santa Sede designó al obispo de Tabasco, Pascual Díaz Barreto, como secretario del Comité Episcopal, nombrándolo intermediario oficial para solucionar el conflicto Iglesia-Estado.
Los efectos devastadores de la crisis de 1929 llevaron a que Calles pronunciara el Grito de Guadalajara. Este Grito llevó la revolución al ámbito educativo y a implantar una educación socialista en todo el país, sin ninguna referencia religiosa.
El Papa Pío XI, consternado ante lo que parecía ser el inicio de un nuevo ciclo de violencia en México, publicó la encíclica "Acerba animi", el 29 de septiembre de 1932 y, posteriormente, en 1937, la carta apostólica "Nos es muy conocida", para reavivar la confianza de los fieles en el auxilio divino y para animarlos a continuar en la práctica de una vida cristiana fervorosa.
El Papa San Juan Pablo II beatificó a 39 católicos que fueron asesinados por su fidelidad a Cristo y a la Iglesia: 27 sacerdotes y 12 fieles laicos. De éstos fueron canonizados un total de 24, perseguidos durante las guerras cristeras, el 21 de mayo del año 2.000.
Algunos han tratado de borrar la historia real del movimiento cristero. Gracias a Jean Meyer se ha podido reconstruir esta historia y recoger buena parte de los testimonios cristeros (Cfr. J. Meyer: La cuestión religiosa en México, 1989)
El poder de la Iglesia no se mide con criterios mundanos, porque no se trata de un poder terrenal, ni político, ni temporal, ni económico. Es espiritual y moral.
"Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres". La gente sencilla sabe reconocer las inspiraciones que vienen del Cielo y, además, sabe secundarlas desde la caridad de Cristo.









