Dicho ‘bolsero’ o, mejor, dicho bursátil, que viene que ni pintado: cuando el inversor está preocupado por el futuro comprar oro, cuando lo está por el presente, lo vende.

Y a pesar de que la guerra de Irán genera mucha inquietud a largo plazo, por motivos energéticos, de estabilidad geopolítica, y por el resucitado temor la inflación, los inversores priorizan la liquidez y activos como la renta fija, cuyas rentabilidades están sacando pecho en las últimas semanas, frente a los metales preciosos.

A finales de enero, el oro tocó máximos en los 5.603 dólares y apuntaba maneras en los primeros días de marzo. Sin embargo, desde entonces ha llegado a caer un 15% hasta tocar mínimos de 4.100 dólares, su mayor caída mensual en 18 años. Ahora cotiza en los 4.600. Es decir, que se ha dejado de un plumazo más de 1.000 dólares, en estos tres meses (-18%).

Estamos ante una brusca corrección después del espectacular comportamiento que experimentó en 2025. “Llegó a revalorizarse un 65%, impulsado por fuertes compras de bancos centrales y por las bajadas de tipos de interés pero…el estallido de la guerra ha supuesto un punto de inflexión”, explica Yago Serrano Maristany, analista de mercados.

Cuando el inversor está preocupado por el futuro, comprar oro, cuando lo está por el presente, lo vende

Y el oro, ahora, “no solo compite con el miedo, también compite con los tipos reales y con el dólar”, añade Antonio Castelo, analista de iBroker Global Markets

Para los expertos, las caídas de las últimas semanas responden a varios factores: enn primer lugar, el aumento del precio del crudo que desembocará en un repunte de la inflación y, por tanto, en un giro de 180 grados en la política monetaria. “Lo que hace unos meses se descontaba como un ciclo de bajadas de tipos en 2026, ahora empieza a transformarse en la posibilidad creciente de subidas para contener una inflación potencial si el conflicto se prolonga. Y no es ninguna novedad: en un escenario de tipos al alza, el oro, que no genera flujos de caja, pierde atractivo frente a activos como la renta fija”, señala Yago Serrano.
Otro factor clave, esta vez durante 2025, fue la depreciación del dólar frente al euro, lo que abarató las compras de oro. De hecho, según el Consejo Mundial del Oro, los bancos centrales adquirieron 863 toneladas del metal en 2025, uno de los niveles más elevados de la última década. “El problema es que, en contextos de inestabilidad geopolítica y shocks energéticos como el actual o el vivido en Ucrania”, argumenta el analista de mercados, “el dólar tiende a apreciarse. Estados Unidos es percibido como un productor energético más estable y menos vulnerable que Europa, y su moneda actúa como refugio por su papel de divisa de reserva global y por la liquidez y seguridad que ofrece”.

Un tercer elemento que podría estar acelerando la desinversión del oro es la venta de reservas por parte de ciertos fondos o países que buscan aumentar liquidez en un entorno incierto, donde se desconoce la duración del conflicto y su impacto económico.

Ahora, el oro no solo compite con el miedo, también compite con los tipos reales y con el dólar

No debemos olvidar que, en 2022, tras un fuerte inicio de año y el estallido de la guerra en Ucrania, el oro llegó a caer cerca de un 20% debido al endurecimiento monetario. Ahora, en 2026 la corrección no ha sido tan intensa, pero si el conflicto se prolonga, el petróleo se mantiene por encima de los 100 dólares y repuntan los precios, las caídas podrían acentuarse e incluso superar las de hace cuatro años. “Esto se debe”, opina Antonio Castelo, “a la mayor volatilidad actual del activo, consecuencia directa de un volumen de inversión más elevado que en aquel entonces, lo que podría provocar reacciones más agresivas ante cualquier cambio en los tipos de interés”.

Sin embargo, las perspectivas del oro se mantienen y, según publica Bloomberg, las estimaciones de Goldman Sachs Group lo sitúan en los 5.400 dólares la onza, a medio plazo.