
Ni comisión de Nombramientos ni nada parecido, el nombramiento de Ángel Escribano como presidente ejecutivo de Indra se decidió en Moncloa y fue comunicado al susodicho por teléfono. Inmediatamente después, Ángel llamó a su hermano Javier, quien adelantó su regreso a Madrid.
En otras palabras, fue un nombramiento, efectivamente aprobado por el Consejo de Indra el 20 de enero de 2025, pero decidido en Moncloa, como también lo fue el de Marc Murtra en Telefónica. Es uno de los rasgos del Sanchismo: imponerse a todos y a todo, aunque eso implique saltarse las normas empresariales más básicas.
Con Escribano comenzó una nueva Indra, con el foco puesto, todavía más, en Defensa y con la venta de Minsait, total o parcial, apareciendo y desapareciendo durante meses.
Resulta curioso, porque el mayor hito de Indra durante estos últimos doce meses es el contrato anunciado este mes de enero, para operar y mantener los sistemas de venta y control de acceso de todo el transporte público de Londres y su área metropolitana. El contrato, de 524 millones de libras esterlinas (unos 605 millones de euros), estará vigente hasta 2034, aunque podría ampliarse hasta 2039 y 845 millones de libras, unos 975 millones de euros.
Es decir, la antigua Indra es la que funciona realmente, frente a la nueva que, de momento, responde a expectativas. Un futuro que pinta excelente, claro está, y que ha llevado a la compañía a revalorizarse más de un 200% en bolsa. Indra cerró 2024 con un valor en bolsa de algo más de 3.000 millones de euros. En diciembre de 2025 valía 8.574 millones y actualmente su valor asciende hasta los 10.290 millones.
Ahora bien, ¿significa esto que Indra tiene capacidad industrial para responder a esas expectativas en Defensa? Ni mucho menos. Lo máximo que ha logrado Indra hasta el momento -y fue cosa de Murtra, no de Escribano- fue arrebatarle a General Dynamics, matriz de Santa Bárbara, el liderazgo en el consorcio Tess Defence. ¿Tiene Indra la misma capacidad industrial que Santa Bárbara? De momento no, y la prueba son los retrasos del vehículo 8x8, en el que participan tanto EME como Sapa, y el consiguiente cabreo de la ministra de Defensa, Margarita Robles.
Pero si hay que hablar de protagonismo, sin duda hay que hablar de la operación abyecta, que no es otra que la compra de EME, empresa de los Escribano que preside Javier, por Indra, empresa que preside Ángel. La operación está actualmente paralizada, como adelantamos en Hispanidad, y no precisamente, como ha publicado algún medio, porque el Gobierno haya alertado a la SEPI. La operación está aparcada porque los consejeros independientes de Indra, hasta ahora dóciles a Ángel Escribano, saben que hay muchos bufetes en Madrid preparando una querella, por ejemplo, por administración desleal, si la operación se lleva a cabo. Ese y no otro es el motivo por el que Manuel de la Rocha, jefe económico de Moncloa, ha ordenado la paralización de la operación abyecta, al menos, hasta el verano.
Sea como fuere, la revalorización tan elevada de Indra no es buena para las aspiraciones de los Escribano y la venta de EME, sobre todo si esa venta se realiza por intercambio de acciones. En cualquier caso, como hemos dicho antes, todo está aparcado, de momento.
En definitiva, se cumple un año de Presidencia de Ángel Escribano en Indra, un nombramiento al margen del mercado… y de los accionistas.










