El Gobierno Sánchez ha dado este martes el visto bueno a la fusión Orange-MásMóvil, una operación valorada en 18.600 millones de euros y que la convertirá en la primera teleco en España por número de clientes. Dicho de otra manera, por primera vez, Telefónica no será el operador incumbente en España, algo que seguro celebra, porque le permitirá competir libremente, pero que se podía haber dado en otro momento y no justo en su centenario.

La fusión Orange-Másmóvil no es una fusión al uso, principalmente porque los remedies -las condicionses- impuestos desde Bruselas, lejos de perjudicar a la joint venture, se supone, para fomentar la competencia, benefician a Orange y a Másmóvil, como adelantó Hispanidad.

El consejero delegado de la nueva compañía será Meinrad Spenger, actualmente CEO de MásMóvil, mientras el actual CEO de Orange, Ludovic Pech, será el director financiero. El presidente será Jean-François Fallacher, actualmente presidente de Orange España y CEO de Orange Francia.

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Luego está el entusiasmo del Gobierno, concretamente del ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, José Luis Escrivá: “La aprobación de esta fusión viene acompañada de un plan industrial de la entidad resultante que es verdaderamente ambicioso y con una orientación de muy medio plazo, con una política de inversiones muy potente durante los próximos años en infraestructuras digitales fijas y móviles”, afirmó durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. Más que un miembro del Gobierno parecía el dueño de la compañía vendiendo su ‘libro’.

Lo que aún no conocemos es el nombre de la nueva empresa ni la ubicación de la sede, así como los directivos que sobrevivirán a la operación. Porque donde no se dan sinergias es, precisamente, en la cúpula. El resto de la plantilla no tiene por qué temer ningún ajuste, tal y como afirmó Pech hace unas semanas, durante la presentación de resultados de Orange España.