Eduardo Baamonde es el presidente de Cajamar, la antigua Caja Rural de Almería que se ha convertido en el gran caja rural española, un banco cooperativo-agrario, lanzado y relanzado por un verdadero pionero, de esos que surgen uno por lustro en España, llamado Juan del Águila. Ese hombre es el culpable de lo que Baamonde califica como el milagro de Almería, un desierto convertido en la huerta de Europa y el modelo a seguir por la agricultura española y europea.  

Cajamar se ha convertido en uno de los llamados bancos medianos españoles, continúa manteniendo su vocación agraria y su forma jurídica cooperativa y, aún así, trata de tú a sus pares y a los grandes bancos, si hablamos de crédito agrario. Algo increíble en teoría pero cierto en la práctica.

 

-Para la llamada banca mediana, ¿qué supone en este cambio de era, al final de los tipos de interés negativos?

- En los últimos años, con los tipos de interés negativos, hemos vivido una situación verdaderamente especial, extraordinaria. Por tanto, lo normal es que vuelvan a subir. Puede decirse que volvemos a la normalidad.

-La banca mediana lo ha pasado fatal durante esta etapa. 

Así es, si bien de diferente manera en función de su actividad y localización. Las entidades que no competimos por volumen debemos diferenciarnos en algo, y en nuestro caso tenemos una especialización muy clara en el sector agroalimentario, que es extraordinariamente diverso y heterogéneo. España es la cuarta potencia alimentaria de la Unión Europea, y todos los años nuestras exportaciones baten récords en sus mercados. El alimentario es un sector que no para de crecer.  

Cajamar no es una entidad nacida con vocación de beneficio sino de servicio hacia un sector muy concreto, el agroalimentario. Nuestro origen y razón de ser, como cooperativa de crédito que somos, mantiene vivo ese espíritu de servicio. Nuestros socios son agricultores, cooperativas, personas y empresas vinculadas al mundo rural. Más de un tercio de nuestras oficinas están en poblaciones de menos de 5.000 habitantes, lo que evidencia que estamos comprometidos con el medio rural. Asimismo, tenemos una ventaja: a diferencia de lo que sucede con los bancos, a los que sus accionistas demandan dividendos, nuestros socios, que son al mismo tiempo nuestros propietarios, no nos piden mayor retribución de su capital sino acompañamiento, proximidad física y emocional.

En definitiva, la etapa actual en la que nos encontramos abre nuevas oportunidades y hemos de aprovecharlas, pero sin dejar de ser lo que somos: banca cooperativa.

Por nuestro origen y razón de ser, no somos una entidad con vocación de beneficio sino con vocación de servicio hacia un sector muy concreto: el agroalimentario

-El impuestazo: parece que no hay marcha atrás.

-No nos parece que sea el momento para este nuevo impuesto. La banca ha dado muestra de su espíritu de colaboración y de su compromiso en los momentos más duros de la pandemia, cuando se ha visto que su actividad es una utilidad social relevante. Ahora, con la guerra de Ucrania y la situación económica que se nos viene encima, cuando tenemos que reforzar nuestras coberturas y provisiones sin dejar de dar crédito a empresas y familias, llega este nuevo impuesto, que repercute directamente en la parte de arriba de las cuentas de resultados. Respecto al importe que supondrá, hay que esperar a que finalice la tramitación parlamentaria para ver cuál será su impacto final. Pero, desde luego, no es el momento.

-La nueva regulación de las cajas rurales no llegó con el PP y ahora tampoco llega con Sánchez. Y lo mismo pasa con la unión de las cajas rurales, que parece paralizada...

- Las cajas rurales somos entidades muy unidas a nuestros territorios de origen. En su día, hace 24 o 25 años, Juan del Águila -fundador de Cajamar y hombre clave en el sector en el último tercio del siglo XX- intentó que todas ellas se unieran en torno a un grupo financiero común, manteniendo cada una su arraigo local, pero a la vez uniéndose para alcanzar la masa crítica necesaria para competir con los grandes grupos y entidades nacionales. A diferencia de lo ocurrido en otros países, en España no fue posible aquel proyecto de grupo nacional y es lo que dio lugar a que Cajamar iniciara su propio camino, al que después fueron sumándose entidades de otras provincias y regiones: primero de Málaga, Madrid y Valladolid, y después de la Comunidad Valenciana, Baleares y Canarias.

Por las fusiones lideradas a lo largo de los años, Cajamar es hoy la heredera del legado histórico de más de 40 cooperativas de crédito, de diez provincias. Nuestro Grupo hoy está conformado por 18 cajas rurales y el Banco de Crédito Social Cooperativo

-¿Cuántas cajas rurales se han fusionado con la de Almería?

-Si retrocedemos en el tiempo y consideramos las sucesivas integraciones y fusiones entre entidades llevadas a cabo desde mediados del siglo XX, Cajamar es hoy la heredera del legado histórico de más de 40 cajas rurales. Si atendemos a las realizadas solo desde el año 2000, entre fusiones e integraciones en nuestro grupo, son una treintena. 

Hoy en día, el Grupo Cooperativo Cajamar está formado por 18 cajas rurales y el Banco de Crédito Social Cooperativo, del que también son accionistas otras 13 cajas rurales españolas que no están integradas en nuestro Grupo pero también son accionistas del Banco. Todas ellas mantienen su propia actividad económica y social en su territorio de origen, sus órganos de gobierno y dirección, su marca, sus oficinas y su plantilla. Insisto: las cajas rurales somos entidades vinculadas al territorio donde nacimos y Cajamar no tiene oficinas allí donde tienen presencia y operan otras entidades de nuestro Grupo. Eso sí, en el caso de que una operación, por su alto volumen, no pudiese ser atendida por la caja local, en ese caso sería gestionada con cargo al Grupo y su balance consolidado. Nuestro modelo se configura como un sistema institucional de protección (SIP) que genera economías de escala al tiempo que mantiene autonomía local de gestión.   

Novedad: las grandes superficies comerciales se han dado cuenta de la necesidad de tener alianzas a largo plazo con sus proveedores de alimentos. Desgraciadamente, ocurre más con cadenas extranjeras que con españolas

¿Quién supervisa a Cajamar?

-El Banco Central Europeo (BCE), el Mecanismo Único de Supervisión que supervisa a todas las entidades significativas europeas, que son las que cuentan con más de 30.000 millones de activos, entre ellas las 10 que hay en España con esa dimensión. Nuestro Grupo Cajamar tiene más de 63.200 millones de euros en activos. 

-¿Y respecto a las rurales que se negaron a entrar en el BCC y en el Grupo Cajamar?

Aquella etapa no la viví personalmente. Pero si una rural no quiere entrar en nuestro Grupo Cajamar tiene todo el derecho a hacerlo, por supuesto. Recuérdese que Juan del Águila fue presidente del Banco Cooperativo Español (BCE) y lo que pretendía es que este no fuese únicamente una sociedad participada sino que llegase a ser la cabecera del Grupo Caja Rural. Ahora bien, el resto de cajas rurales españoles no compartieron esa necesidad y fue lo que terminó motivando que la Caja Rural de Almería, siendo la mayor caja rural de nuestro país, se separase de la Asociación Española de Cajas Rurales, lo que dio lugar a que se iniciara ese distanciamiento vivido en las dos últimas décadas y que responde a una mera cuestión de visión. Es decir, todas las cajas rurales compartimos una misma “misión” pero no todas coincidimos la misma “visión” sobre cómo acometerla y desarrollarla. 

La Caja Rural de Almería se dio cuenta antes que otras del camino que había que seguir para ganar la dimensión requerida para atender y dar respuesta a las crecientes necesidades de financiación de la agricultura española más innovadora y exportadora. Por ejemplo, tras la entrada de España en la Unión Europea creció la integración vertical de las cooperativas agrícolas y creció la exportación, con lo que las cajas rurales ya no podemos estar pendientes solo de la producción primaria, sino de toda la cadena alimentaria. Es decir, Juan del Águila tenía una visión correcta del futuro del sector alimentario, pero otras cajas rurales en aquel tiempo no vieron ni compartieron aquella decisión. Y creo que el paso de los años nos ha terminado dando la razón, hasta el punto de que hoy día otras cajas rurales están tomando las mismas decisiones que a Cajamar se le criticaron hace veinte años. 

Ahora mismo, el principal enemigo de los agricultores no son las grandes distribuidoras sino la inflación

-Los grandes bancos, Caixabank, Santander, BBVA, no dejan de tomar iniciativas en el sector agrario.

- Sí, pero hay bancos que actúan por una coyuntura determinada y concreta y otros que lo hacemos atendiendo a nuestra razón de ser y propósito. Lo que distingue y diferencia a Cajamar respecto a otras entidades es precisamente nuestro origen y vinculación con el sector agroalimentario. Pero es verdad que en tiempos de crisis económicas y de incertidumbre el sector agroalimentario se convierte en un sector “refugio” porque por muy mal que vengan dadas en el mercado, las personas tienen que comer...

No obstante, reitero que una cosa es actuar atendiendo a criterios de oportunidad y otra por ser este el propósito de la entidad. Lo que nos diferencia a Cajamar de otros bancos significativos es que nosotros estamos siempre con el agricultor y eso los agricultores lo saben muy bien. La propia naturaleza agronómica hace que los plazos sean largos y que haya ciclos buenos, malos y regulares. Y lo que quiere el sector agroalimentario es contar con una entidad financiera que le acompañe en las duras y en las maduras, esté bien el sector o no esté tan bien.

Las Palmerillas

 

-La Estación experimental de Cajamar Las Palmerillas, en El Ejido, está considerada como uno de los grandes centros de investigación agrícola de Europa. ¿Cómo nació?

-Las Palmerillas empezó siendo una finca experimental creada para apoyar la investigación y la transmisión de conocimiento a cooperativas, empresas y agricultores sobre infraestructuras y técnicas de cultivo orientadas al aprovechamiento eficiente de los recursos disponibles en un territorio tan duro y difícil como el del sureste peninsular, que está condicionado por la escasez de agua. 

En los últimos años su actividad se ha extendido asimismo a todo lo relacionado con los nuevos procesos de innovación tecnológica y con la transformación digital en las explotaciones agrícolas. Por ejemplo, en aspectos relacionados con el ámbito de la inteligencia artificial, el manejo de fertirriego, la tecnología aplicada a las semillas y a la protección sanitaria, la agricultura de precisión, así como la implementación de nuevas tecnologías en producción real. En suma, se trata de utilizar las mejores tecnologías y de formar a los agricultores para que las apliquen en sus explotaciones. 

En definitiva, la Estación Experimental de Cajamar Las Palmerillas, que desde su creación en 1975 fue el catalizador del llamado “milagro de Almería”, un desierto convertido hoy en la huerta de Europa, se ha convertido actualmente también en el mejor escaparate de los principales instrumentos y plataformas integradoras de información para el control de datos de todas las zonas de producción, sobre las que se aplican herramientas de inteligencia artificial que permiten avanzar hacia la prescripción personalizada de cada explotación agrícola.  

El pequeño productor agrícola o ganadero puede sobrevivir, pero debe ser bueno, diferenciado y visible

-Ahora mismo, ¿quién es el gran enemigo del agricultor? ¿Las grandes distribuidoras?

-No son enemigos, aunque es cierto que sus intereses colisionan con frecuencia. Ahora bien, las cadenas de distribución se han dado cuenta de la necesidad de tender alianzas a largo plazo con sus proveedores, pues la profesionalización de los dos sectores está forzando, más fuera de España que dentro, contratos a largo plazo que permiten asegurar el suministro y poder innovar en producción de variedades, procesos más sostenibles, etc. Es decir, más que enemigos ahora los productores y las grandes superficies son aliados… El enemigo principal del agricultor ahora mismo es la inflación, porque introduce un aumento de costes que no es fácil traspasar a otros eslabones de la cadena. Además, si los precios se disparan se reduce la capacidad de compra del consumidor.  

Las Palmerillas (8)

 

-En ese escenario, ¿el pequeño agricultor puede sobrevivir?

Sí, podrá sobrevivir siempre que esté asociado a una cooperativa o integrado en una sociedad agrícola de transformación (SAT), para tener así capacidad de negociación. El pequeño agricultor que permanezca aislado lo tiene muy complicado para comprar suministros y comercializar sus productos, porque las nuevas tecnologías exigen una especialización que imposibilita saberlo todo. Una persona puede ser un buen ganadero, pero no saber qué tipo de pienso necesita y en qué momento tiene que comprarlo; para ello necesita pertenecer a una estructura organizativa. Por ejemplo, el sector del porcino está muy integrado, y eso no ha reducido su producción sino que la ha incrementado. Además, nuevos agentes están entrando ahora en el sector, como los fondos de inversión que están comprando activos agrarios.

-El pequeño comercio, ¿también va a desaparecer?

-Si tienes un buen producto y sabes diferenciarte, ahora hay canales que antes no existían, como el canal digital, y a través de él puedes encontrar tu sitio en el mercado. Recuerdo que Antonio Cancelo, quien fuera presidente del Grupo Mondragón y fundador de Eroski, dijo que quien vende el mismo producto sólo se diferencia de los demás por el precio; pero el que vende cosas distintas y aporta valor, ese permanecerá... Es decir, se puede ser pequeño, pero tienes que diferenciarte, encontrar tu sitio y especializarte en lo tuyo. Y el canal digital ofrece hoy muchas posibilidades al pequeño comercio, siempre que sea diferenciado y visible.

Nuestro centro experimental de Las Palmerillas se ha convertido en el catalizador de lo que llaman 'el milagro de Almería´: un desierto convertido hoy en la huerta de Europa

-Internet es muy grande: ¿Cómo hacerse visible?

-Yo no lo sé, pero mis hijos sí lo saben; son capaces de encontrar páginas especializadas en todo tipo de productos y servicios. Hay pequeños comercios que saben perfectamente cómo mostrar y contar sus excelencias. ¿Cuántas bodegas pequeñas han encontrado su hueco y se han hecho visibles en Internet no sólo por sus productos sino también por otras actividades asociadas, como un pequeño hotel con encanto, catas de vino, visitas guiadas, etc?