La crisis mundial de deuda pública podría iniciarse en Japón. Es la crisis del bono público y una vez se inicie será muy difícil detenerla.

Si el ruido mediático -que no en de las muy repudiadas pero más populares redes sociales, que en este caso son inocentes-  que aletea alrededor de Davos, permitiera omitir, aunque fuera en alguna crónica, el nombre de Trump, incluso podríamos escuchar las voces que llegan desde Japón, un país que lleva 80 años viviendo de una emisión de deuda pública fuerte, con unos tipos de interés cero o incluso negativos. Todo para poner las cuentas públicas al servicio de su industria.

Y no les ha ido mal, pero ahora puede ser su final por cuanto la crisis económica de deuda, la crisis del bono, que no viene, que ya está aquí, en todo el mundo, va a ser crisis de deuda pública. 

La blandenguería occidental -y a efectos de economía capitalista, Japón es Occidental- nos ha llevado a un Estado del Bienestar presente financiado por una deuda futura. O sea, la ruina. La economía mundial funciona hoy como un ama de casa que no llega a fin de mes pero que pide un crédito para comprar comida. 

Es decir, desde finales de la segunda Guerra Mundial nos enamoramos de lo público sin darnos cuenta de que la justicia social consiste en la protección de lo contrario: la propiedad privada pequeña (¡Ojo, he dicho pequeña!).

Incluso podríamos necesitar un periodo de mantenimiento de los impuestos y reducción de los servicios sociales. Y de esto no tiene la culpa Donald Trump, sino los aduladores de 'lo público', unos auténticos estafadores. Hay que recortar al límite los servicios públicos, siempre caros, siempre malos, siempre injustos

Crisis de deuda es que la gente ya no compre el bono estatal o exija unos intereses abusivos... precisamente porque ya no cree en el bono estatal... lo que aún encarecerá más las emisiones. Y lo cierto es que si una familia no debe, a veces ni puede, gastar más de lo que ingresa, no sé por qué llevamos casi un siglo permitiendo que los gobiernos hagan justamente eso. 

Además, de esta forma hemos forjado una clase política irresponsable, adicta al voto cautivo, pagado con subvenciones públicas, a su vez financiada con deuda pública.

Repasemos: estamos ante una crisis de deuda pública global. El mundo debe elegir entre aumentar los impuestos y llegar al colapso económico o reducir el gasto público, lo que puede hacer caer a un gobierno. Y a los gobiernos no les gusta caer. 

Incluso, podríamos necesitar un periodo de mantenimiento de los impuestos y de reducción sincrónica de los servicios sociales. Y como nos hemos acostumbrado a vivir gratis, a costa de unos servicios públicos de baja calidad, en educación y sanidad, por ejemplo, y de unas pensiones públicas de subsistencia en un sistema quebrado, a lo mejor nos cuesta salir de ese Estado del Bienestar. Créanme: nos van a sacar a la fuerza. 

La exaltación de lo público en todo el mundo es un virus que exige la imputación del Estado, sobre todo del Estado del Bienestar. El Sanchismo español es uno de los mejores propagadores de tan letal bacteria, pero toda Europa, y Estados Unidos también son culpables

Nunca los servicios públicos, había sido tan alabados. Es lo que suele pasar con todo elemento podrido: sobre él se lanzan adulaciones sin medida hasta 24 hora después de su defunción, con el cadáver de cuerpo presente...

Y de todo esto no tiene la culpa Donald Trump, sino los aduladores de 'lo público', unos auténticos estafadores. Señores: tenemos que recortar al límite los servicios públicos, siempre caros, siempre malos, siempre injustos.

La exaltación de lo público en todo el mundo es un virus que exige la imputación del Estado, sobre todo del Estado del Bienestar. El Sanchismo español es uno de los mejores propagadores de tan letal bacteria, pero toda Europa, y Estados Unidos también, son culpables.