
No he dicho 'joemos', como Pablo, Ione e Irene, sino Podemos.
Del apóstol Santiago el Mayor, el Zebedeo, patrón de España, apenas nos quedan documentos y eso que su hermano se convirtió y apenas sale en los evangelios. Eso sí, sabemos que forma parte, junto a su hermano pequeño Juan, así como junto a Simón Pedro, del trío que el Hijo de Dios se llevó a la Transfiguración así como los que estuvieron más cerca de Él en el Huerto de los Olivos.
De hecho la única intervención directa de Santiago, corresponde al episodio en el que su madre solicita a Jesucristo que sus dos hijos, Santiago y Juan, se sienten uno a su derecha y otro a su izquierda en su Reino: "No sabéis lo que pedís: ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?". "Podemos" es la contundente respuesta de los dos hermanos.
Nuestro patrón -fíense de la tradición antes que de la documentación, porque el hombre puede desafinar, pero las masas nunca- recorrió Iberia y al que la Virgen María, aún no asunta, se le apareció, junto al Río Ebro, en el año 42, moriría en Jerusalén, a manos de Herodes Agripa.
El patrón de España, 25 de julio, no es día festivo en casi ningún lugar de España. Es día de precepto pero no fiesta civil, porque España ha dejado de ser católica pero la iglesia no ha abandonado a España.
El Zebedeo ha acompañado a España en sus gestas históricas, ya sea en la Reconquista o en la evangelización de América. Y cuando no nos ha acompañado es porque no le hemos dejado.
Ahora bien, esto debería recordarnos una constante de la historia de España: cuando los españoles elevamos la vista a Cristo y nos volcamos fuera de nosotros mismos, cambiamos el mundo. Cuando nos miramos el ombligo acabamos en guerra civil intestina... como ahora mismo.









