Decíamos ayer en Hispanidad que, bajo la excusa de proteger a los menores, Pedro Sánchez promulgaba la censura totalitaria de las redes sociales -conocidas como el 'periodismo ciudadano'- para que no puedan criticar a su excelsa persona. 

Con la excusa de ayudar al obrero frente al capitalista, Lenin y Stalin implantaron la dictadura del proletariado. Con la excusa de proteger a los menores contra los delitos de oido -ambas cosas le preocupan muchísimo a don Pedro-, Pedro Sánchez implanta la censura en las redes sociales. 

Ante esta maniobra liberticida, los españoles callan, sumisos y ha tenido que venir el fundador de Telegram -el ruso, aunque perseguido por Putin y también en Francia- Pavel Durov para recordarnos un par de cositas:

El anuncio de Moncloa sobre control de redes "Con pasos hacia el control total. Son gobiernos que utilizan la excusa de la seguridad para censurar toda crítica".

Y también, "estas medidas establecen un precedente "para rastrear la identidad del  usuario" y "castigar al discrepante".

 

 

En lo único que discrepo de Durov es que él habla de proteger el anonimato de las fuentes. No, yo prefiero que cada cual asuma la responsabilidad de sus palabras sin esconderse en el anonimato cobarde. En el resto, el fundador de Telegram tiene toda la razón. 

A través de Google y de su inteligencia artificial Gemini, Sánchez puede poner mordaza a la prensa libre, se carga la libertad de prensa. Con la censura de los delitos sociales y de protección de la infancia, Sánchez pone en jaque a la libertad de expresión, aún más relevante. Impone sordina a las críticas de los españoles que cada día le soportan menos.

Y lo grave es que los españoles callan y aplauden. Tiene que venir un Durov a defendernos. 

Parecemos idiotas.