El mejor prototipo literario para definir a Pedro Sánchez es el retrato de Dorian Gray, cargado de egolatría mórbida. Pero también podemos compararle con un mago, no muy acreditado, que saca conejos de su chistera.

Para sacar el último plantígrado, don Pedro se ha marchado a Dubái, huyendo de los foros internacionales de Washington, donde no quieren ni verle y de Bruselas, porque en Europa le conocen demasiado. Allí, en el Pérsico, el presidente del Gobierno ha lanzado la novedosísima idea de que ningún menor de 16 años pueda acceder a las redes sociales con su móvil: un nuevo conejo que distraiga al personal del desastre diario que provoca y expande La Moncloa por el conjunto de las Españas.  

A mí me parece estupendo. Como también me parece estupenda la labor de esos padres -pocos lo consiguen- que retrasan el acceso al móvil de los jóvenes hasta no menos de los 16 años. 

Eso sí, como Dorian Gray, Sánchez es un poquito fullero, descarga la ejecución, perdón, implementación, de la medida en las propias firmas tecnológicas de las redes sociales... entre otras cosas porque sabe que es imposible cumplirla. Es igual: él ya ha quedado bien al proponerlo.

Pero vayamos al fondo de la cuestión, al espíritu ómnibus de don Pedro: te vendo, baratica, media docena de huevos: uno es hermoso y lo he robado en la tienda de al lado, los otros cinco son de mi granja pero están podridos. Paso a exponer los argumentos de don Pedro, a quien los moros ricos de Abu Dabi habrán escuchado con un indecible pitorreo, seguro:

1.¿La idea es mía? No, ya la han anunciado otros países, por ejemplo, Francia y Australia y la había propuesto para España su odiado Partido Popular.

2.La razón es que no quiero que los adolescentes vean mensajes de odio. Ahí habla de la estafa de los delitos de odio - más bien delitos de oído-, inventados para España por su amigo Zapatero. 

Hombre, yo diría que a un adolescente lo que debes vigilarle, antes que nada, es la pornografía, pero me temo, que, gracias a los progresistas como Sánchez la pornografía ha inundado nuestras vidas. No hay manera de evadirse de ella, está en la TV y en la calle.

3.Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, Sánchez no sólo va a impedir -veremos si lo consigue- que los adolescentes accedan las redes sociales, sino perseguir eso que ha dado en llamarse periodismo ciudadano, la libre expresión del pueblo por la vía de las redes sociales. 

En plata, allí donde más se critica al Sanchismo, algo que un ególatra como don Pedro no puede sufrir. 

Esto es: si logramos, en nombre de la defensa de los adolescentes, implantar la censura en las redes -los delitos de odio no son otra cosa que censura progre- habrá conseguido un éxito sin precedentes, el éxito de la patraña de que nos gobierna una gran estadista. 

Dicho de otra forma. Sánchez habrá conseguido taparle la boca al pueblo y, de paso, a la prensa tradicional, a la que ya ha puesto mordaza con sus amigos de Google. Bueno, no sólo ha puesto mordaza a los periódicos: es que se los va a cargar. 

Sánchez es como el retrato de Dorian Gray, que refleja la verdadera evolución del degenerado retratado: hasta cuando hace cosas buenas pervierte el bien.

Por cierto, ¿cuál es el ejemplo más señero del perseguible delito de odio en las redes sociales? Las críticas a don Pedro Sánchez Pérez-Castejón, naturalmente.