Ser original no es hacer excentricidades sino volver al origen y las raíces de España están en Cristo. Por tanto, España será católica o será un pingajo. 

La machada de ganar el Mundial ha alegrado a la mayoría de españoles y ha cabreado a los indepes vascos, a los indepes catalanes y a algunos guetos de emigrantes, sobre todo de origen musulmán, que no soportan ni el nombre mismo de España pero que, sobre todo, no soportan el nombre mismo de Cristo. En España, tierra de María, con especial inquina a todo lo mariano. 

Por contra, Madrid, la odiada Madrid, ha vuelto a ser la que recibió con más entusiasmo a la Selección. Reconozco que me sorprendió que cientos de miles de personas se echaran a la calle para aplaudir a los jugadores. No esperaba tanto.

Y es que, encima de ganar el Mundial, resulta que la Selección no tiene complejos o, al menos, en ella hay gentes que recuerdan aquello de que "a quien me negare delante de los hombres yo también le negaré delante de mi padre, que está en los cielos". A saber: el seleccionador, Luis de la Fuente, el capitán, Rodrigo Hernández y el autor del gol de la victoria, Ferrán Torres no tuvieron empacho en citar a Cristo en público y en confesarse como cristianos. Por aquí, y no en la interminable trifulca política, anda el busilis del futuro de España.

Luis de la Fuente se ha convertido en una oportunidad para la resurrección de la España cristiana, o sea, de España.