"Es que yo no quiero que me voten por católico", me respondió, airado, Mariano Rajoy, cuando le pregunté, en cierta rueda de prensa, siendo presidente del Gobierno, qué podía ofrecer el PP a un católico. Y tenía toda la razón don Mariano: el PP no tiene nada que ofrecer a los cristianos y, por tanto, los católicos podían votarle por muchas razones pero no por el contenido de su programa político. En plata: que los cristianos estábamos, estamos, obligados a votar el mal menor, que, según él, es el PP frente al PSOE.
Y los obispos españoles callaron entonces y han seguido callados, no fuera a ser que alguien les acusara de meterse en política.
Volvamos al presente. Se llama Francisco César García Magán, es arzobispo auxiliar de Toledo y en sus ratos libres secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Y no lo hace mal: en cada rueda de prensa sólo mete la pata, de media, un par de veces. Pero luego tiene mucho cuidado en no rectificar jamás y dejar que la desmemoria general haga el resto. Insisto: ¿Y si nos cargamos las conferencias episcopales?
La cosa empezó con un ataque verdaderamente innecesario del obispo Magán, cuando Vox se negó a que en la localidad de Jumilla el Ayuntamiento pagara la fiesta musulmana del cordero y lo consideró, ahí es nada, como un ataque a la libertad religiosa. Fue lo que hizo exclamar al obispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, aquello de no "nos ponemos espléndidos con los moritos...".
Comprendo los reparos que pueda tener un católico para votar a Vox: yo también los tengo. Pero no puedo entender que un católico vote al PSOE rabiosamente cristianófobo ni al PP repugnantemente tibio: eso ya es demasiado
Curioso ataque a un partido político y a un acto menor, porque a García Magán no habla de la persecución sangrienta a los cristianos en países de Oriente -cada día que pasa más sangrienta- ni de la persecución blanca de Occidente donde los católicos coherentes son sometidos a un ninguneo sin límite o, cuando deja de ser blanco, se les condena a penas de cárcel porque creer en Cristo, es odiar al vecino.
Curioso, porque García Magán jamás ataca al cristófobo Gobierno sanchista, (o sea, a los comunistas de Sumar y a los socialistas del PSOE, quienes, junto a los separatistas, forman el Frente Popular) con tanta virulencia. Ejemplo: apenas se quedó en el terreno de los principios cuando introdujo la transexualidad o la eutanasia.
Pero con Vox, mano dura hasta el final. El secretario de la Conferencia no ha dudado en entrar en liza con el único partido que huele a católico. Así, ha calificado a Abascal como "católico sedicente".
A ver don César: sedicente significa... "dicho de una persona, que se da a sí misma tal o cual nombre, sin convenirle el título o condición que se atribuye". Es decir, que está diciendo que Santiago Abascal, según el obispo, se atribuye la condición de católico pero no es católico.
Lo segundo no lo sé, pero me llama la atención que un obispo juzgue en público conciencias ajenas. ¿Cómo sabe usted, monseñor, que el líder de Vox miente porque se autootorga la condición de católico y no lo es?
Abascal no se otorga tal denominación. Es más, lo cierto es que fue antes diputado que converso y -es lo más que ha llegado a decir- que, sin ser católico practicante asegura que "obviamente me encuentro más a gusto misa que en una mezquita", pero de ahí no pasa.
En todo caso, sorprende lo indulgente que es es Nuestra Conferencia Episcopal con el PSOE y PP, partido rabiosamente cristianófobo el primero y partido repugnantemente tibio el segundo, y también sorprende que García Magán sólo entre en liza con Vox en defensa de los islámicos.
Abascal dice que está perplejo ante la actitud de los obispos españoles. Yo también.











