Sr. Director:
¡Por fin murió el tirano, el opresor, el dictador, ya somos libres! Y en aquel tren de la libertad que nadie sabía cuál era su destino, se subieron alborozados y alegres, curas monjas, frailes, obispos y demócratas de toda la vida. Se puso en marcha el tren y entro en un túnel. El jolgorio era general, ya podíamos hacer lo que nos placiere. Pero estando en la mitad del túnel, que no tenía salida, el tren se paró, un apagón los dejo en las tinieblas; todo era confusión, alarma, temor, nadie sabía cómo salir de aquel tenebroso túnel. Y entre todos los viajeros comenzaron a empujar al tren, a ver si podían salir de aquella situación y ver la luz del sol, porque allí solo había tinieblas. Pues esta situación imaginaria, es lo que estamos viviendo actualmente, la Iglesia católica que era la LUZ que iluminaba la sociedad, se ha desacralizado y ya no es ni luz ni sal. Queda un resto fiel, que es el que no se subió al tren de la libertad; y en cuanto a la sociedad ya lo estamos viendo, no hay nada más que disputas, enfrentamiento, confusión, nadie sabe que es lo que va a suceder. Tenemos que despertar, aquel tren tenía como destino el infierno y solo nos queda, si es que somos humildes y reconocemos nuestro extravío, es volver a lo divino, lo sagrado, lo trascendente, es decir, ADORAR LA DIVINA EUCARISTÍA QUE ES PRESENCIA DE CRISTO VIVO, DIOS Y HOMBRE VERDADERO Y TENDREMOS LUZ, PAZ Y ALEGRÍA.










