Sr. Director:
La Comisión de las conferencias episcopales de la Unión Europea ha expresado su preocupación por una reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre el reconocimiento de las uniones entre personas del mismo sexo en los países de la Unión Europea.
Los Obispos respetan el papel del poder judicial de los países pertenecientes a la Unión Europea, pero hay asuntos que son competencia de cada país y la Unión Europea no tiene potestad alguna para imponer sus puntos de vista a los demás países miembros. El derecho a contraer matrimonio y fundar una familia está garantizado de conformidad con las legislaciones nacionales.
Aunque lo más importante y cierto para las personas y para las sociedades es tener en cuenta que el matrimonio se define como la unión entre un varón y una mujer. Los otros tipos de uniones no son matrimonio.
El matrimonio es la alianza conyugal por la que un varón y una mujer constituyen entre sí el consorcio de toda su vida, ordenado, por su misma índole natural, al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole. Esta alianza conyugal fue elevada por Jesucristo a la dignidad de sacramento entre bautizados (Catecismo, núm.1601)
Los protagonistas de la alianza matrimonial son un varón y una mujer bautizados, libres para contraer matrimonio y que expresan libremente su consentimiento. Ser libre quiere decir aquí: no obrar por coacción, no estar impedido por una ley natural o eclesiástica. El consentimiento hace el matrimonio,de tal manera que sin consentimiento no hay matrimonio. Y el consentimiento consiste en un acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mútuamente. Este consentimiento que une a los esposos entre sí encuentra su plenitud en el hecho de que ya no son dos, sino una sola carne (Catecismo, núm. 1627).
Para que el 'sí' de los esposos sea un acto libre y responsable y para que la alianza matrimonial tenga fundamentos humanos y cristianos sólidos y estables, es necesaria la preparación para el matrimonio y la vida familiar.
Del matrimonio válido se origina entre los cónyuges un vínculo perpétuo y exclusivo por su misma naturaleza. En el matrimonio cristiano, los cónyuges son fortalecidos y quedan como consagrados por la celebración del sacramento para los deberes y la dignidad de su estado.
El auténtico amor conyugal es asumido en el amor divino. La institución misma del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y educación de la prole. Los hijos son el don más excelente del matrimonio. Los padres son los principales y primeros educadores de sus hijos.
El Concilio Vaticano II llama a la familia cristiana "Iglesia doméstica".
En palabras de San Juan Pablo II: "Nadie se sienta sin familia en este mundo: la Iglesia es casa y familia de todos, especialmente para cuantos están fatigados y agobiados".
¡Cuánto pueden aprender los gobernantes de las naciones y quienes les asisten a la hora de promulgar leyes justas, humanas y dignas del ser humano!
Lo que ocurre es que hoy se nos quiere imponer la dictadura del relativismo y de la vida fácil, olvidando la voluntad de Dios, manifestada en el Decálogo y en las Bienaventuranzas.










