Sr. Director:
El pasado 28 de diciembre, alguien entró sin permiso en el Monasterio de la Santa Espina (Valladolid, España), forzó el sagrario y profanó el Santísimo Sacramento.
El sacerdote encargado de La Santa Espina, Francisco Casas, presentó una denuncia ante la Guardia Civil tras informar de lo ocurrido al arzobispo de Valladolid, Mons. Luis Argüello.
Se trata de la segunda vez en el 2025 en que este monasterio cisterciense, fundado en 1147 y que alberga una reliquia de la corona de espinas de Jesús, sufre una profanación de estas características. Ante esta ofensa contra el Señor, Mons. Argüello celebró el pasado 3 de enero un acto de desagravio y presidió la Santa Misa en el lugar de los hechos.
D. Luis nos invitó a orar en desagravio por este acto sacrílego y a cuidar la celebración de la Eucaristía y la Reserva del Santísimo en el sagrario.
Desde el monasterio se nos pedía a los católicos que no permanezcamos indiferentes ante estos hechos sacrílegos y que nos unieramos en reparación, estando en la presencia del Señor Jesús ante el sagrario de la iglesia o lugar de culto que solemos frecuentar.
Recordemos que la Santa Eucaristía es el mayor de los sacramentos de la Iglesia instituídos por Jesucristo. Se trata, ni más ni menos, que de su presencia bajo las especies del pan y del vino consagrados.
Precisamente el mismo Señor nos dijo:
"Tomad y comed todos de él porque ésto es mi Cuerpo. Tomad y bebed todos de él porque éste es el cáliz de mi Sangre que se derrama para el perdón de los pecados. Haced ésto es conmemoración mía"
La Eucaristía, tras la celebración de la Misa, se reserva en todas las catedrales y en todas las iglesias parroquiales y, con el permiso del obispo, en otras iglesias, oratorios y capillas.
En el sagrario está real y verdaderamente Jesús Sacramentado, alimento para nuestras almas.
Y la Eucaristía es la fuente, el centro y el culmen de toda la vida y misión de la Iglesia.
A los católicos se nos invita a estar en adoración y oración ante el sagrario, porque ahí está Nuestro Señor glorioso.
Normalmente el sagrario debe estar en la parte más noble de la iglesia, insigne, visible, hermosamente adornada, apta para la oración silenciosa y para la adoración del Santísimo. El sagrario ha de estar hecho de material sólido no transparente y ha de estar cerrado de tal manera que se evite al máximo el peligro de profanación.
La llave del sagrario se ha de guardar diligentemente, y si es necesario la Eucaristía se ha de reservar en otro lugar más seguro, siempre que sea digno. Junto al sagrario que contiene la Eucaristía y para honrar su presencia, debe encenderse una lámpara alimentada con aceite o cera; de este modo todos pueden conocer si el Santísimo está o no reservado allí.
Es muy importante que cuidemos el lugar de la Reserva Eucarística y que visitemos al Señor allí.
Que estemos ante Él para desagraviarle, darle gracias, adorarle, bendecirle, glorificarle, rogarle por las necesidades de la Iglesia y del mundo entero, para entregarle toda nuestra vida.
No olvidemos que el cristiano y la Iglesia entera viven de la Eucaristía, como alimento y como presencia substancial de Nuestro Señor Jesucristo.
Ante el Santísimo Sacramento debemos arrodillarnos para adorarle debidamente.
Sencillamente, para estar allí en la presencia del Señor Jesucristo.
"Yo soy el Pan de la Vida; el que viene a mí no pasará hambre y el que me come vivirá por mí", nos dice el Señor (Ver cap. V del evangelio de San Juan).
¿Dónde se está mejor que ante Jesús Sacramentado?









