No podemos vivir a la defensiva en las dos plazas españolas en África. Y sí: lo que hay entre Europa y África es una guerra de religión, que puede concretarse en guerra violenta o en guerra cultural. Esperemos que sea ésta última.

Su nombre era Daniel Fasanella, detenido en Ceuta, siglo XIII, por los almohades, por predicar a Cristo, luego decapitado, junto a otros seis franciscanos, por negarse a abjurar de Cristo. Es el patrón de los ceutíes, de los caballas y representa el santo ideal para capitanear, por supuesto junto a la patrona de la ciudad, la Virgen de África, que ya debería ser entronizada como la patrona de todo el continente, el proceso de re-evangelización del continente africano, todo entero, desde Melilla y Ceuta hasta Ciudad del Cabo.

¿Una empresa que le viene grande a Ceuta y Melilla? ¿demasiado grande? ¿En serio? ¿Acaso para Hernán Cortés, un hidalguillo pelao o para Francisco Pizarro, un bastardo de Trujillo, no parecía mucho conquistar los dos mayores imperios de América, los aztecas y los incas? Pues lo hicieron. Además, si hablamos de evangelizar, recuerden a san Pablo: "Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer".

Es decir, de la mano de San Daniel los católicos debemos preparar, desde Ceuta y Melilla, la misma operación que, por la fuerza bruta, están perpetrando los musulmanes en África, sólo que nosotros lo haríamos con la gracia de Dios, que es arma mucho más poderosa que los kalashnikov de los salvajes del Ejército Islámico y del no menos bestia pero más sofisticado y poderoso Ejército chino, que siempre anda detrás de todo cuanto acontece en el avispero africano. En suma: debemos preparar un proceso misionero para toda África... desde Ceuta y Melilla.

No podemos vivir a la defensiva en las dos plazas españolas en África. Y sí: lo que hay entre Europa y África es una guerra de religión, que puede concretarse en guerra violenta o en guerra cultural. Esperemos que sea ésta última.

Pero hay más. La civilización cristiana occidental no sólo es superior como filosofía y como cosmovisión a la islámica sino que también lo es como elemento de transformación política y económica.

Veamos: los musulmanes en el continente negro han bajado desde el desértico Magreb hacia el África negra. Encima, con los musulmanes el desierto crece. Con los romanos, o sea, con la civilización cristiana que creó el triángulo -no masónico- formado por Jerusalén, Atenas y Roma, el norte de África era el granero del imperio y siguió siendo tierra fértil hasta la llegada misma de los sarracenos.

A lo que vamos: San Daniel Fasanella es el patrón de Ceuta pero se trataba de un italiano, del Reino de Sicilia, que en el siglo XIII, casi coetáneo de Francisco, se fue a evangelizar Hispania y acabó evangelizando Ceuta. Mandaban allí entonces los almohades, que eran unos musulmanes, especialmente fanáticos. Daniel y sus compañeros de los frailes menores, se negaron a dejar de hablar de Cristo y fueron encarcelados; en prisión se negaron a abjurar de Cristo y fueron decapitados.

¿Quién mejor para convertir a Ceuta y a Melilla en los centros misioneros y de desarrollo cultural y económico, que toda va unido, para el conjunto del continente africano?