La ley más grave del Gobierno Zapatero es la ley sobre reforma de la fecundación in vitro, es decir, la de la manipulación de embriones. Una ley verdaderamente nazi, con la que una serie de científicos sin escrúpulos deciden quién debe vivir y quien debe morir. Eugenesia en estado puro y cosificación del hombre. El problema de los embriones es que son muy pequeñitos, y hay que echarle un poco de sensibilidad, y de ciencia, para separar la esencia de un ente de su imagen. Un embrión puede parecer un conjunto de células, pero su esencia es un código genético individuado y distinto a cualquier otro ser humano, que se convertirá en adulto con tal de que le permitan desarrollarse. En definitiva, siempre que no les utilicen como cobayas de laboratorio.
Como los precitados científicos sin escrúpulos sí saben lo que se traen entre manos, han sembrado la mayor confusión de los medios informativo en el momento presente: hablan de células madre, son distinguir entre células madre adultas que pueden y deben utilizarse como terapias, y que curan todos lo días muchas patologías- y células madre embrionarias, es decir, embriones, con cuya inmolación todavía no se ha curado a nadie (aunque el éxito se espera a cada instante). Por la misma razón, se han inventado el término pre-embrión, que no quiere decir nada, porque el preembrión no existe, como acaba de determinar otro manifiesto (según informa Veritas).
La asociación Profam ha hecho público un comunicado muy pertinente, con el fin último, y primero, de explicar las tomaduras de pelo de la ley que lanzara la ministra de Sanidad de ZP, inefable Elena Salgado. No tiene desperdicio. Y cuanto más se aclaren los elementos de esta monumental estafa, que, encima, la progresía nos vende como filantropía, mejor que mejor.
En definitiva, como resumió Benedicto XVI, con otra de sus genialidades: Dios ama al embrión, frase que no precisa glosa alguna.
Eulogio López









